Tan alta vida espero, que te espero
Qué será, la lluvia, decirme que me lea los cuentos de Allan Poe, pero si yo ya no leo más fantasía, me va muy bien, no me puedo quejar. Sí, todo bien, un poco de prisas, pero vaya, lo normal para estas fechas académicas. Sí, a ver si me acuerdo de todos los próximos escenarios para el olvido. Fíjate en las puntas, entre las mantas, qué sé yo. Quieres publicar, adelante, pero la cosa está fatal. Y las clases de dibujo, ya no vas a posar, me parece. Bueno, eso si te acuerdas de cuando era una prioridad de la fama. La fama.
Apuntes de léxico del amor en Ibn Hazm
En la literatura árabe se codifica pronto una tendencia lexicográfica que consiste en hacer taxonomías de sinónimos y términos asociados para tratar de ciertos temas especiales. Así, los eruditos más elegantes acumulan los nombres de vientos, de vinos o del amor. Presento ahora cinco grados de amor según el Kitâb al-Axlâq de Ibn Hazm:
➀ istiĥsân : ﺇﺴﺘﺣﺴﺎﻦ : estima, aprecio, simpatía
⇨ ➁ i‛jâb : ﺇﻋﺠﺎ ﺐ : cariño, afecto o afición
⇨➂ ilfa : ﺇﻠﻔﺔ : enamoramiento
⇨➃ kalaf : ﻜﻠﻒ : obsesión amorosa
⇨➄ šagà : ﺷﻐﻰ : delirio amoroso
Es una lista bastante sobria, en la medida en que otros autores acumulan y enumeran más de cuarenta nombres diferentes para referirse al amor. El segundo grado de esta lista es un vocablo de la raíz- 3a-ja-ba, que expresa el comcepto de lo asombroso. El tercero es un término clave para Ibn Hazm, proveniente de la misma raíz que “alif”, la primera letra del alfabeto árabe, asociada a la belleza y la perfección. Por supuesto, estos términos pueden glosarse hasta extremos mucho más sofisticados, pero creo que por el momento basta con tomarlos en consideración.
El hastío mata al amor: reflexión de Ibn Hazm
Me agrada descubrir en el Kitâb al-Axlâq que Ibn Hazm habla del amor, tras hablar largo y tendido sobre la amistad, de forma tal que este libro puede servir para enriquecer las muchas reflexiones que se han escrito sobre el amor según El Collar de la paloma. Son muchos los pasajes interesantes, de forma tal que hoy sólo resaltaré la oposición que Ibn Hazm plantea entre el hastío y el amor. A continuación, en la misma reflexión, niega la posibilidad del amor en esta vida, pero creo que es una “sincera” exageración, ya que sus propias palabras delatan hasta qué punto ha experimentado en sus propias carnes el amor:
Afortunado será en el amor el que se enamore de persona cuyo cariño le sea posible conquistar y a cuya unión constante le sea posible aspirar sin temer incurrir en la ira de Dios y en las censuras de los hombres. El éxito estribará en que los dos se guarden mutua fidelidad en el amor. Pero de ello no podrán estar seguros, si no procuran evitar el hastío, mala pasión, causa del mutuo aborrecimiento. Su felicidad será completa, si los días de su unión se deslizan tranquilos como dulce sueño, ayudándose el uno al otro cónyuge en cuanto les sea recíprocamente útil. Pero ¡ah! que todo esto junto sólo en el cielo cabe; al menos, con la segura confianza que da la certeza, porque el cielo es mansión de estable reposo, sin miedo a turbaciones y quebrantos. Si así no fuera, si acá abajo en el mundo cupiese reunida tanta felicidad, libre, además del temor de perderla por cualquier contratiempo, la vida entera se acabaría, antes de haber agotado el deleite del amor.
Quién esté un poco familiarizado con Ibn Hazm no se verá sorprendido por el énfasis con el que destaca el valor de la fidelidad, que enlaza en su moral la amistad con el amor. En cuanto al hastío, es oportuno pensar como el siglo XX ha dado poetas del la felicidad del amor en el hastío. Pienso en Gamoneda, Darwish, Cortázar. Desde que Baudelaire indagó con tanta profundidad en el hastío, el “ennui”, ya no sabe igual, sabe a exceso de existencia, lo más cercano a la felicidadde esta anteutopía… Por otro lado, la unión que plantea está fundamentada en la reciprocidad y, más importante aún, la doble voluntad libre. El adjetivo “útil” es problemático en nuestra sensibilidad, que aborrece del amor útil, pero aquí sirve para incidir en la sinceridad de las partes. Finalmente, anhelando el desliz o suave correr de los días de amor, como si de un sueño se tratase, expone la dimensión aristótelica de toda la cortesía medieval que establece el orden como perfección. El amor aquí es equilibrio, justo lo contrario del sentido de aventura que tanto excita hoy en día. Bonita sensación que se escapa como una palabra.
Cartas unidas
Era un licenciado con muchas ganas pero poca preparación en lengua árabe y literatura cuando me lancé en 2002. Ginebra. Expectativas altas y en realidad flexibilidad a todo. Me agarré a Ibn Sahl como eje para una tesis. Enseguida empezó la cuesta arriba de la poesía árabe, sus poemas, sus orígenes preislámicos. En paralelo, una emulación conductiva de los pasos de los referentes de esos años: Tariq Ramadan, Abdennur Prado. Leer pero sin escribir suficiente. Presión del ritmo: lecturas y trabajos poco provechosos: clases de español, limpieza, camarero. También trabajo intelectual de lecturas de fondo y contadas amistades. En 2004 apruebo la memoria, que eran como unas sesenta páginas, a regañadientes del director arabista, Ch. Genequand, y con el aún entusiasmo voluntarista de Carlos Alvar, experto en lírica y literaturas medievales. El texto que acabé presentando en septiembre de 2006 para una tesis no tuvo ni el aspecto de una tesis ni su solvencia. Planteé cinco cortos capítulos de subgéneros del gazal, y a continuación un repertorio temático de citas representativas en líricas, desde la andalusí, hasta las contemporáneas, pasando por la siciliana, la francesa, la occitana, la castellana, la gallega, la neolatina y la alemana. Sólo en febrero del 2007 los directores me convocaron, en una cita en la que no había nada que discutir por su parte.
Aguanté en Ginebra hasta finales de abril de 2007. Entretanto había traducido un ensayo del francés con mi hermano. Contacté con Rafael Valencia. Estuve en Almería para optar por una beca de la Fundación Ibn Tufayl, que edita la Enciclopedia de Al-Andalus. En verano tuve los últimos contactos con Carlos Alvar. Me inscribí en el programa de doctorado de Santiago, con la recomendación de Don R. Valencia, y al mismo tiempo empecé también a escribir el blog. Había estado dedicando tiempo a seguir los foros del curso de “Experto profesional en cultura , civilización y religión islámicas” de la UNED y de webislam. Me sentía con ganas de escribir más y mejor, sin ningún limite, y creo que el blog me lo está permitiendo. Escribo muy poca poesía. Los últimos meses en Santiago he asistido con mucho placer a las clases, con historiadores del Arte y filólogos de latín o románicas. Y he intentado aprovechar para leer bastante. Me explico bastante con el entusiasmo que me está produciendo la lectura del libro de Cynthia Robinson In Praise of Song. The Making of courtly culture in Al-Andalus and Provence 1005- 1134 A. D., Brill, 2002. (419 págs.) Más allá de asumir la investigación de Boase y Menocal sobre el origen de la cortesía y la tesis árabe (con Nykl y pese a él, idem con Abu-Haidar, Corriente, Zwartjes), y de incidir profusamente en Al-Fath Ibn Xâqân, y sus Qalâ’id, y el Matmah, para desbrozar exhaustivamente toda la dimensión espacial y cultural del zarf en las taifas, el programa de temas que Robinson trata se adentra de lleno en la cortesía de Aquitania y en Guillermo IX, con una capacidad para enmarcar toda la trasposición o traslación de la cortesía andalusí en la provenzal sencillamente impresionante. Cuesta pensar que haya podido leer y entender tan bien todo el siglo XI en los dos lados de los Pirineos, pero es que además escribe con la mirada puesta en los espacios corteses en tanto que historiadora del Arte, y construye toda una interpretación de ciertos salones de la Aljafería como espacio ritual de amor homófilo y ennoblecedor, basado en la aproximación metafórica a lo más sublime.Lamento por falta de tiempo no estar realizando estos días más que una lectura apresurada y saltando lo que adivino menos importante.
Se ha insistido siempre en el periodo de las taifas y en la corte de Sevilla como una época fundamental para la literatura y la poesía andalusí, de forma tal que quizás no sorprenda que se ponga en relieve de nuevo ese siglo XI. Creo sin embargo que Robinson ha acertado estudiando también a fondo la taifa de Zaragoza y de Rueda. Nunca he apreciado con tanta seguridad las equivalencias entre la cortesía andalusí y la primera cortesía provenzal. Llegados a este punto, el interés de la poesía de Ibn Sahl está más justificado que nunca. Mientras que durara la nebulosa sobre las condiciones de traslación de la cortesía andalusí, la comprensión de la poesía andalusí posterior seguiría sometida a cierta incentidumbre. Si ahora la homofilia y la homosocialidad son los fundamentos y el eje de la cortesía del siglo XI, la doble vía que emprende en el siglo XII -heterosexual y casta en Occitania, tendencias taqlidíes y sufíes, sublimadoras de los aspectos homófilos, en Al-Andalus- nos conduce de lleno al amor oscuro de Ibn Sahl por el joven Mûsà frente a los sonetos sicilianos de Giacomo de Lentini, más unívocos, en el XIII. Buena razón para quedarse con Ibn Sahl.
Apuntes sobre el concepto de Al-Andalus
Abdennur Prado me señala el interés de la obra publicada por el profesor Anouar Majid. Su reflexión gira en torno a la cultura, las respuestas a la hegemonía imperial americana, y los retos del islam contemporáneo. Aborda por ejemplo los fenómenos contemporáneos islamistas, el feminismo islámico y los estudios sobre postcolonialismo. Su postura se configura como doble crítica a Occidente y al Islam, y no duda en apropiarse el término herético, que ya discutí en el blog, cargándolo como reivindicación expresa de la disensión siempre necesaria.
Otro de los conceptos que ha empleado es el de Edad Post-Andalusí, el mundo tras el año 1492. Según él, desde entonces la visión global occidental se desarrolla contra mundos particulares -entre ellos el islámico - que tienden a encerrarse en la orotodoxia como comportamiento defensivo. Espero no malinterpretar lo que entenderíamos por postandalusismo: el conjunto de fenómenos culturales derivados de la desaparición de Al-Andalus como referente del mundo islámico, y la incidencia en el mundo árabe contemporáneo. Al no haber leído nada de primera mano, no sé si el autor lo pone el postandalusismo en relación con el otomanismo, el desarrollo del sistema otomano en Anatolia, paralelo a la Conquista de Granada, y la hegemonía de ese modelo en buena parte del mundo árabe. A mí sí me parece oportuno pensar los dos procesos -al Oeste y al Este del Mediterráneo- en paralelo, ya que así se comprueba que son evoluciones casi biológicas de las extesiones demográficas en las cartografías de la diacronía, y se relativiza el énfasis en los factores históricos del proceso señalado.
Realmente, el concepto de Al-Andalus merece ser interpretado como la expresión ambigua de dos realidades: un mundo medieval que estimula todos los elementos de la modernidad universalista, y una evolución histórica sometida a todos los condicionantes geográficos y civilizatorios. Libera pero está encerrado. El amor andalusí explica la cortesía, y al mismo tiempo se resiste a encarnarlo en su forma más exitosa, la pasión heterosexual. El siglo XI nos sirve para plasmar su riqueza, pero al tiempo se evita así ver cómo siguió evolucionando hasta el XIII. Las Taifas esconden a los Almohades. Granada nazarí, a su vez, se superpone sobre Córdoba omeya: el destino ya escrito. Los siglos se confunden en un todo imposible. Al-Andalus además es expresión de un islam futuro, en la hoguera de un mundo global donde la pregunta es respuesta: otro mundo es posible.
De poetica Arabum (I)
Bismil-láh el piadoso de piedad,
Lo interesante de leer poesía árabe en ediciones digitales es que desvincula el poema de su ubicación concreta en un volumen editado, que nos condiciona en el poema que elegimos, incluso en el autor. Pondré por ejemplo el poeta ÿâhilí Zuhayr Ibn Abî Sulmà, que es uno de los autores con más pedigrí clásico. Es difícil leer sus casidas, por la longitud, el ritmo largo y la dificultad del vocabulario, aunque la lectura produce claramente efectos sosegantes y avisadores. Se siente que hay verdades, símiles, correspondencias. El caso es que todo lector tiende a la facilidad en una lengua que no domina, pero al abordar de esta forma al rapsoda del desierto se emprende un viaje en la lengua, valioso e incierto.
Al poner en perspectiva la larga casida del vate árabe con las piezas del andalusí Ibn Sahl, éste último transmite fluidez, y se ven menos las dificultades de una poesía al fin y al cabo muy preciosista y no exenta de términos rebuscados. Pero es sobre todo la comodidad de la temática amorosa, que abona en terreno ya sembrado por lecturas más corrientes, tanto andalusíes como europeas. Las marcas, la mesura en la longitud, el gesto más automático se generan a sí mismos en visitas al jardín queertés. La inteligencia sondea ya los límites de sus riberas, los índices de la entrega, la imagen echa una red.
De intensidad golosa de misterios a complicidad decidida con una apuesta concreta. Por ahí va el hilo.
confluencia
Haré una canción mirando la lluvia
y fijaré mis pisadas sin norte y sur
hasta que por la tarde me vaya
entregando
a otros momentos que ya gocé.
La alondra se esfuma, y se renueva
el pacto del cielo con la cereza
ese interludio consensuado
en sus dos alas
a otros momentos que ya gocé.
Buen serafino, si vas andando
manda mis credenciales cuando
suena el chaparrón de lluvia
atlántica
a los goces de otros momentos.
Cabe el silencio regresó la voz de Césaire
Se anunció la necrología del poeta de la ultramar francesa Aimé Césaire, que leí con emoción en Ginebra. Pensaba traducir unas estrofas del poema Cahier d’un retour au pays natal, pero creo mejor simplemente citar su voz original, pp. 55-6, según la edición de 1983 publicada por Présence africaine en París:
Et mon original géographie aussi; la carte du monde faite à mon usage, non pas teinte aux arbitraires couleurs des savants, mais à la géométrie de mon sang répandu, j’accepte
et la détermination de ma biologie, non prisonnière d’un angle facial, d’une forme de cheveux, d’un nez suffisamment aplati, d’un teint suffisamment mélanien, et la négritude, non plus un indice céphalique, ou un plasma, ou un soma, mais mesurée au compas de la souffrance
Que Al-lâh lo acoja en su rahma. Que los jóvenes lean su poesía y la entiendan, para que el legado humano y estético siga fertilizando la tristeza con más belleza. Para que la humanidad se mire al espejo con valor y deseo de perfección, y transmita su empatía con el rostro del otro. Para que la profundidad de la creación no sucumba ante la indiferencia y el olvido del pasado.
Palabras de hermenéutica
Bismillah
Acabo de terminar la lectura del ensayo de Andrés Ortiz-Osés titulado Antropología Hermenéutica, publicado en una fecha tan temprana como 1973, cuando el autor tenía treinta años. Se trata de una obrita que sirve tanto de introducción exigente a la filosofía del lenguaje como de propuesta ambiciosa y fértil para el pensamiento contemporáneo, con una lectura islámica muy posible de fundamentar. El subtítulo es ‘Para una filosofía del lenguaje del hombre actual’. Se desprende por supuesto un espíritu de época, la de los fogosos años setenta, en los que el pensamiento francés tomó grandes giros (Foucault, Deleuze y Derrida), pero este joven se inspira mucho más en el pensamiento alemán y austríaco de las decenias anteriores que en el francés de sus contemporáneos. Significa así que la belleza y claridad de su escritura se entronca en el clasicismo sintáctico más que en el enrevesamiento. En filosofía la diferencia puede ser fundamental.
Es cierto que el autor ya usa una estética de su época, un juego del lenguaje que (no) se disuelve. La construcción expositiva pasa por la puesta en diálogo de los grandes pensadores de la filosofía del lenguaje en el siglo XX, Heidegger y Wittgestein en sus diferentes etapas, el estructuralismo de Saussure y Lévi-Strauss y el existencialismo de Sartre, y las escuelas hermenéuticas y neohermenéuticas, con Gadamer. No he leído toda esa filosofía, y menos en alemán como procede el autor, motivo por el cual se da por bueno su forma de presentar las diferencias y los discursos. Pero es llamativo cómo el autor no agota definiciones sino que señala lo complementario. De su proceder se desprende la insistencia de valorar el lenguaje como fundamento del hombre y su relación e interpretación de sí mismo y del mundo.
Yo llegué a la hermenéutica en Sevilla por el pensamiento islámico, y la necesidad de interpretar a Avicena, Ibn ‘Arabî o Shohravardi. Asocié por tanto la palabra a la filología, y por supuesto, la hermenéutica es la aplicación al pensamiento del amor a la palabra. Andrés Ortiz-Osés escribe su obra en Innsbruck (Austria) dentro del pensamiento hermenéutico católico, no siendo su reflexión privativa para esta religión. Naturalmente, pasa revista a la hermenéutica cristiana al incluirla en la antropología que propone (p. 135):
el lenguaje religioso interpreta al lenguaje humano, y le lenguaje humano interpreta al religioso.
No puede ser menos oportuno partir de esta reflexión para organizar la reforma neoandalusí del pensamiento islámico contemporáneo, y dialogar con la mejor traducción filosófica europea. Conceptos como ‘verdad’ y su instrumentalización ortopráctica por hegemonías conservadoras islámicas o cristianas no temerán nunca nada más que afirmaciones liberadoras arraigadas en la lingüística, el Logos abrahámico y la realización humana y social de su compromiso (p. 138): “sólo hay verdad apalabrada”. Lâ ilâha illa Al-Lâh, Muhhamad Rasûl Al-Lâh.
Wa-s-salâm.
La carta para Paul que nunca escribí
Querido Paul,
Gracias a vosotros aprendí qué era el amor, en inglés. Me hicísteis bailar, cantar y tocar la guitarra. Me dísteis fuerzas en los momentos difíciles, alegría y risas. A veces me cansé de Yesterday o Let it be, pero también esas canciones me tocaron en lo más hondo. Cambiásteis el mundo, la juventud, la relación con la música y el concepto de la amistad. No se puede entender la narrativa actual de la autoficción sin la creación constante de John de su propio personaje, del mismo modo que no se puede entender el concepto de pareja sin el referente de él y Yoko. Tú fuiste el más trabajador, el más virtuoso, y John aportó la genialidad; Ringo y George fueron los primeros caballeros de vuestra orden del Amor. Los cuatro creásteis una magia irrepetible. Desde que aparecísteis miles de grupos de rock intentaron y consiguieron hacer canciones buenísimas, pero ninguno tantas y tan perfectas como vosotros. Hicísteis lo que teníais que hacer juntos, y cuando llegó el momento, os separásteis. Vivísteis tan intensamente la década de los sesenta que parece que la completásteis varias veces. Vuestra influencia en la historia de la música sólo se puede equiparar con la de Bach, Mozart o Beethoven. Vuestra impronta en la sociedad, con los profetas Moisés, Jesús y Muhammad. Pero ni pretendísteis ser momumentos vivos ni profetas de una nueva religión. Fuísteis más ingleses que Churchill, más americanos que Kennedy y más universales que Buda. Encarnásteis la clase obrera mejor que el marxismo e inventásteis la relación carismática del artista con su público de masas. Miles de miles de parejas se enamoraron bailando con vuestras canciones y casi estuvísteis a punto de parar varias guerras. Cantásteis el amor más nuevo y más eterno, el mismo y siempre diferente que cantaron Catulo, Ovidio, Machnún Layla, los poetas árabes de Oriente y Occidente, los trovadores, Ronsard, Shakespeare, Molière, Éluard y Aragon. Renovásteis el surrealismo mejor de lo que hubiera nunca soñado Breton y dísteis alas a miles de artistas en todas las disciplinas. Nos enseñásteis lo mejor de las drogas, y sobre todo la virtud de la moderación en su consumo. A diferencia de tantos músicos que se perdieron en el alcohol, la heroína o la cocaína, da gusto verte, Paul, con tu cara tan simpática con todos tus largos sesenta años. With The Beatles.
Un admirador siempre agradecido.