Europa: un espacio en exaltación

Jamás deberíamos pensar que los límites del islam fueron ya definidos por la Historia política. El saber último sólo pertenece al Misericordioso, así nuestros actos y nuestras percepciones no son más que engaños de los cuales somos llamados a responder en la otra vida. Que la Rahma de Al-lâh nos libre de las consecuencias de los engaños de los que no piensan. Los incrédulos repiten que la globalización ha roto las fronteras, ellos están rotos en verdad. La ciencia no es más poderosa que los deseos del Creador, al contrario ella emana de Él, el Sabio, el Poderoso. Los incrédulos se cansan en destacar los logros de los pensadores ateos como Marx y Lenin, porque creen que el comunismo internacionalista es la mejor respuesta al desafío bélico de los americanos y sus aliados. Pretenden luchar contra los ladrones como ladrones, contra los terroristas como terroristas. Han perdido tanto el contacto con la realidad que aún sueñan con despertar la indignación de las clases obreras con imágenes revolucionarias, aconsejando al proletariado que se sacrifique en la lucha contra los capitalistas y los que acaparan los tesoros comunes.
En verdad los tesoros están escondidos en los corazones de los justos, de los apaciguados. Los que rezan y las que rezando están con los que rezan no pierden su tesoro, lo enriquecen. Cuando trabajan practican el dzikr y hoy son los musulmanes los que más trabajan. Desde el Océano hasta el Golfo, desde África hasta China, los musulmanes producen buena parte de los bienes que consume la Humanidad. Así en Europa, los inmigrantes musulmanes de tres o cuatro generaciones han levantado con sus esfuerzos las economías destruidas por la Segunda Guerra Mundial. En esta tierra de lluvia y otoños nevados, la paciencia de los musulmanes ha cultivado los campos, fabricado los coches y asfaltado las autopistas, especialmente en los dos países más grandes, Francia y Alemania, argelinos en Francia y turcos en Alemania. Hamdullah son hoy los hijos de esos trabajadores y los hijos de los hijos, hasta los nietos, la fuerza de trabajo más arraigada en la tierra que pisamos. Por otra parte, somos muchos los muladíes que reivindicamos la realidad andalusí. El Andalus es una denominación sin límite geográfico, no es sólo Andalucía o hasta los Pirineos, ni tampoco sólo hasta Poitiers o hasta París, sino más bien allí donde la convivencia entre los miembros de los diferentes cultos está estimulada por el respeto y la libertad de todos. Los pensadores más reconocidos coinciden en la importancia de esta realidad social: hoy en Europa conviven musulmanes, cristianos en sus diferentes ramas, judíos practicantes y laicos, ateos, agnósticos, hasta budistas, y de diferentes sectas. Uno de los pensadores musulmanes más criticados, el filósofo francófono Tariq Ramadan, ha apuntado en uno de sus libros que esta situación de hecho es una magnífica oportunidad para avanzar juntos, muladíes, musulmanes occidentalizados y musulmanes puritanos -que Sidi Ramadan define como literalistas- y ofrecer a los demás un modelo de justicia y progreso. El empleo de unos términos árabes ilustra bien el nuevo concepto que presenta Ramadan: Occidente es “dár al-shaháda” como “dár al-islam” engloba a los países musulmanes. Sidi Ramadan pone así explícitamente una meta, un objetivo común: demostrar cada día la tensión entre la virtualidad y su plasmación concreta en la sociedad en la que vivimos, trabajamos y disfrutamos con nuestras familias.
Sin duda ya hemos visto y hemos participado en una experiencia de movilización impresionante, como fue la de todos los que nos opusimos en las calles al despliegue guerrero de los americanos en Iraq, que el Misericordioso ayude allí a los justos. Así, frente a la movilización política que ansían los comunistas, la sociedad europea en general no ha querido callarse, pero tampoco ha perdido la esperanza. Porque se sabe ya que la alienación política no es una respuesta ante la agresión, sino que la liberación del ser es preparatoria de la reapropiación de la realidad. Esta reapropiación pasa, como propone el investigador francés Mohammed Taleb, por un reencuentro con el disfrute físico del entorno y con un nuevo acercamiento al Otro, entendido como el individuo de otra cultura. Frente a la alienación del trabajador y a la violación de su imaginario personal y colectivo, Sidi Taleb reclama “re-encantar” la existencia y añadimos que ése es el amor que nos dio Muhammad Rasúl-ullah. Tambien en Francia, el cantante Kery James ha introducido desde su shaháda una sensibilidad apaciguada en el turbulento mundo de la música Hip-hop.
Sidi Hafsawi, en una de las charlas sobre el sufismo que presencié en la Universidad Averroes de Córdoba, se estremeció en un instante ante la lluvia del patio principal que aplastaba su voz, pero una vez que retomó su espíritu, habló un poco, con cierta gracia, de la lluvia, antes de retomar con buen humor y seriedad su reflexión. La concentración del sufí no es rígida, admite la interrupción de la lluvia torrencial, y hasta la del incrédulo que murmura. Esa lluvia cae, pero no cala, y es como la obstinación de los imprudentes en agarrarse a ideologías baratas y agresivas, cuando en verdad el islam es el asa más firme. Rogamos al Señor que nos guíe en su senda.

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