Aproximación al mito de Dido (I)

Creo entender que la muerte de Dido, un suicidio de amor, tal y cómo aparece en La Enéida de Virgilio, se considera un momento clave no sólo de la obra del latino, sino una fuente de inspiración constante desde la Edad Media hasta el clasicismo francés. También Pere Gimferrer le dedica a Dido un bonito poema (Dido y Eneas). Por ahora me limitaré a reproducir el fragmento de sus últimas palabras (Eneida, IV, v. 651-660):

“Dulces exuuiae, dum fata deusque sinebat,
accipite hanc animam, meque his exsoluite curis.
Vixi, et, quem dederat cursum fortuna, peregi,
et nunc magna mei sub terras ibit imago.
Urbem praeclaram statui; mea moenia uidi;
ulta uirum, poenas inimico a fratre recepi;
felix, heu nimium felix, si litora tantum
numquam Dardaniae tetigissent nostra carinae!”
Dixit, et, os impressa toro, “Moriemur inultae,
sed moriamur” ait. “Sic, sic iuuat ire sub umbras:
Hauriat hunc oculis ignem crudelis ab alto
Dardanus, et nostrae secum ferat omina mortis.

Y a continuación añado una versión en español:

«Dulces prendas, mientras los hados y el dios lo permitían,
acoged a esta alma y libradme de estas angustias.
He vivido, y he cumplido el curso que Fortuna me había marcado,
y es hora de que marche bajo tierra mi gran imagen.
He fundado una ciudad ilustre, he visto mis propias murallas,
castigo impuse a un hermano enemigo tras vengar a mi esposo:
feliz, ¡ah!, demasiado feliz habría sido si sólo nuestra costa
nunca hubiesen tocado los barcos dardanios.»
Dijo, y, la boca pegada al lecho: «Moriremos sin venganza,
mas muramos», añade. «Así, así me place bajar a las sombras.
Que devore este fuego con sus ojos desde alta mar el troyano
cruel y se lleve consigo la maldición de mi muerte.»

Aprovecho para añadir este interesante gravado:

dido.jpg

Sólo puedo permitirme apuntar que se trata de un personaje femenino un tanto inusual, en la medida en que durante toda su vida asume desde el existencialismo más inconsciente la responsabilidad de vivir y amar. El problema del suicidio suscita sin embargo cierta perplejidad. Acaso no se puede aceptar que una mujer sea valiente y feliz, y casi parece una advertencia más de la voz heterosexual masculina: “No toméis ejemplo en Dido”.

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