La carta para Paul que nunca escribí

Querido Paul,

Gracias a vosotros aprendí qué era el amor, en inglés. Me hicísteis bailar, cantar y tocar la guitarra. Me dísteis fuerzas en los momentos difíciles, alegría y risas. A veces me cansé de Yesterday o Let it be, pero también esas canciones me tocaron en lo más hondo. Cambiásteis el mundo, la juventud, la relación con la  música y el concepto de la amistad. No se puede entender la narrativa actual de la autoficción sin la creación constante de John de su propio personaje, del mismo modo que no se puede entender el concepto de pareja sin el referente de él y Yoko. Tú fuiste el más trabajador, el más virtuoso, y John aportó la genialidad; Ringo y George fueron los primeros caballeros de vuestra orden del Amor. Los cuatro creásteis una magia irrepetible. Desde que aparecísteis miles de grupos de rock intentaron y consiguieron hacer canciones buenísimas, pero ninguno tantas y tan perfectas como vosotros. Hicísteis lo que teníais que hacer juntos, y cuando llegó el momento, os separásteis. Vivísteis tan intensamente la década de los sesenta que parece que la completásteis varias veces.  Vuestra influencia en la historia de la música sólo se puede equiparar con la de Bach, Mozart o Beethoven. Vuestra impronta en la sociedad, con los profetas Moisés, Jesús y Muhammad. Pero ni pretendísteis ser momumentos vivos ni profetas de una nueva religión. Fuísteis más ingleses que Churchill, más americanos que Kennedy y más universales que Buda. Encarnásteis la clase obrera mejor que el marxismo e inventásteis la relación carismática del artista con su público de masas. Miles de miles de parejas se enamoraron bailando con vuestras canciones y casi estuvísteis a punto de parar varias guerras. Cantásteis el amor más nuevo y más eterno, el mismo y siempre diferente  que cantaron Catulo, Ovidio, Machnún Layla, los poetas árabes de Oriente y Occidente, los trovadores,  Ronsard, Shakespeare, Molière, Éluard y Aragon. Renovásteis el surrealismo mejor de lo que hubiera nunca soñado Breton y dísteis alas a miles de artistas en todas las disciplinas. Nos enseñásteis lo mejor de las drogas, y sobre todo la virtud de la moderación en su consumo. A diferencia de tantos músicos que se perdieron en el alcohol, la heroína o la cocaína, da gusto verte, Paul, con tu cara tan simpática con todos tus largos sesenta años. With The Beatles.

Un admirador siempre agradecido.

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