Palabras de hermenéutica

Bismillah

Acabo de terminar la lectura del ensayo de Andrés Ortiz-Osés titulado Antropología Hermenéutica, publicado en una fecha tan temprana como 1973, cuando el autor tenía treinta años. Se trata de una obrita que sirve tanto de introducción exigente a la filosofía del lenguaje como de propuesta ambiciosa y fértil para el pensamiento contemporáneo, con una lectura islámica muy posible de fundamentar. El subtítulo es ‘Para una filosofía del lenguaje del hombre actual’. Se desprende por supuesto un espíritu de época, la de los fogosos años setenta, en los que el pensamiento francés tomó grandes giros (Foucault, Deleuze y Derrida), pero este joven se inspira mucho más en el pensamiento alemán y austríaco de las decenias anteriores que en el francés de sus contemporáneos. Significa así que la belleza y claridad de su escritura se entronca en el clasicismo sintáctico  más que en el enrevesamiento. En filosofía la diferencia puede ser fundamental.

Es cierto que el autor ya usa una estética de su época, un juego del lenguaje que (no) se disuelve. La construcción expositiva pasa por la puesta en diálogo de los grandes pensadores de la filosofía del lenguaje en el siglo XX, Heidegger y Wittgestein en sus diferentes etapas, el estructuralismo de Saussure y Lévi-Strauss y el existencialismo de Sartre, y las escuelas hermenéuticas y neohermenéuticas, con Gadamer. No he leído toda esa filosofía, y menos en alemán como procede el autor, motivo por el cual se da por bueno su forma de presentar las diferencias y los discursos. Pero es llamativo cómo el autor no agota definiciones sino que señala lo complementario. De su proceder se desprende la insistencia de valorar el lenguaje como fundamento del hombre y su relación e interpretación de sí mismo y del mundo.

Yo llegué a la hermenéutica en Sevilla por el pensamiento islámico, y la necesidad de interpretar a Avicena, Ibn ‘Arabî o Shohravardi. Asocié por tanto la palabra a la filología, y por supuesto, la hermenéutica es la aplicación al pensamiento del amor a la palabra. Andrés Ortiz-Osés escribe su obra en Innsbruck (Austria) dentro del pensamiento hermenéutico católico, no siendo su reflexión privativa para esta religión. Naturalmente, pasa revista a la hermenéutica cristiana al incluirla en la antropología que propone (p. 135):

el lenguaje religioso interpreta al lenguaje humano, y le lenguaje humano interpreta al religioso.

No puede ser menos oportuno partir de esta reflexión para organizar la reforma neoandalusí del pensamiento islámico contemporáneo, y dialogar con la mejor traducción filosófica europea. Conceptos como ‘verdad’ y su instrumentalización ortopráctica por hegemonías conservadoras islámicas o cristianas no temerán nunca nada más que afirmaciones liberadoras arraigadas en la lingüística, el Logos abrahámico y la realización humana y social de su compromiso (p. 138): “sólo hay verdad apalabrada”. Lâ ilâha illa Al-Lâh, Muhhamad Rasûl Al-Lâh.

Wa-s-salâm.

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