Der Ring des Nibelungen, julio de 2008: crisis



Der Ring des Nibelungen

Cargado originalmente por abenyusuf

Salam ‘alaikum,
La verdad es que esta crónica del Festival de Bayreuth entra en crisis, en la medida en que me he dormido en medio del primer y único acto del prólogo de la Tetralogía sobre los Nibelungos, El Anillo de los Nibelungos. Me abstengo de anunciar que haré esta tarde, puesto que escribo la crónica ya por la noche, pero es probable que con esta entrada cubra el expediente para toda la Tetralogía, en la medida en que además la ilustración es de Sigfried, un plano del decorado clásico, que es la tercera parte.
No voy a decir que me dormí por falta de intensidad, sino todo lo contrario. Estamos en pleno tópico del comentario fácil sobre Wagner, pero es un constante empujón de masa sonora. Pensaba en los violines, que practican un auténtico ejercicio físico, en el canto, que es absolutamente martilleante, con por supuesto tonalidades extrañas y espeluznantes.
La historia va del oro en el Rín, en un mundo de dioses, hijas del Rín, un anillo que se roba, no se entrega, se devuelve, se recupera, y el anillo tiene que dejar de ser anillo para volver a ser oro puro y los poderes, y los héroes, incluso tinieblas, y más héroes.
Estaba también leyendo las reflexiones de Adonis sobre la heroicidad en la yahiliyya y el enfrentamiento del poeta con el espacio-pérdida, pero claro, aquí el espacio es un diálogo rotundo de los elementos más telúricos (ríos, montañas y tormentas) con héroes y dioses paganos. Nada que ver con la sutileza del espacio escrito en las arenas bailantes de las dunas, que desaparecen como las huellas del pasado y el presente.
El caso es que para colmo he visto una película argentina, Herencia, que claro, por supuesto en parte me ha gustado, qué sé yo, por el habla argentina que me recuerda a las amigas que tuve en Ginebra, y por el lado Buenos Aires, pero el filme va decayendo constantemente. Trata de un alemán en Buenos Aires, en búsqueda de una novia, que se introduce en la vida de una mujer, Olinda, dueña indecisa de un restaurante por vender. El negocio se reanima con el alemán, en un mensaje subcultural para la inversión nostálgica del liberalismo guay alemán en el sector de la hostelería y turismo de Buenos Aires. Lo más patético es sin duda la fiesta del final, que entra claramente en el ámbito del cine de baja calidad; los personajes tienen una conversación ya machacada por un guión flojo en primer plano, mientras que detrás, no sé sabe muy bien a cuento de qué, se agitan estúpidamente parejas de jóvenes, ridículos, dando saltitos.
El caso es que el uso de jóvenes masivamente en películas y anuncios comienza a tocarme las narices. Cada vez que veo muchos jóvenes, me imagino la mentalidad obtusa del productor contratando a los especímenes como mercancía del liberalismo.
Y lo peor es que están tantos por la labor, que no faltarán, para los próximos años, más guarderías de treinteañeros en las pantallas.
Wa Al·lâhu Akbar

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1 comentario

Archivado bajo books, capitalism, criticism, culture's distortion, dâr al-Harb, imperialism, Literature's Theory, Market, Middle Age, musics, pictures, scenes, situjihadism, Urban Culture, Virtual bonfire

Una respuesta a “Der Ring des Nibelungen, julio de 2008: crisis

  1. Me ha gustado tu actualización de hoy.

    Como bien sabes, Nietzsche, que inicialmente era un gran admirador de la música de Wagner, se puso enfermo cuando asistió al estreno de Parsifal. Eso marcó su distanciamiento, así que tampoco te extrañes demasiado de tu reacción. Lo raro es que seas religioso. En fin.

    Me gusta tu diatriba contra la cultura de la juventud como objeto aureo. Ciertamente, toca un poquito las narices esa estética de los jovencitos saludables de pieles impecables y superficies planas, incluida la del cortex cerebral. Una idiotez en boca de una de esas o esos puede acabar con la mayor de las erecciones. Supongo que ahí entra la utilidad del sadismo: compensar la estupidez del sujeto que utilizas con un castigo cruel para que la tensión sexual tenga un sentido. Las tias a las que les gustan las tortas en los cachetes no entienden este concepto, lo que lo confirma. Creo que me desvío.

    Cada día tengo más claro que soy partidario de un cierto tipo de tiranía: la mía, en el sentido de la de Calígula en la obra de Camus. Sí. Menos mal que nadie me hace caso.

    Saludos. Pasaré la tarde pintando.

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