Consideraciones sobre el auge del salafismo

Bismil·lâh al rahmán y rahim

Todo el que conoce este blog sabe que su autor es un admirador declarado de Abdennur Prado, y que un servidor ha tratado de comentar poemas, opiniones y reflexiones que haya formulado en su blog o en el portal webislam. En esta ocasión quiero centrarme en el último escrito publicado, El salafismo está en auge, porque parto de la base de que no lo ha escrito solamente para que lo leamos o para que votemos en la estadística de la noticia, sino para que, en la medida de lo posible, se comente y sirva de base para un reflexión común de los musulmanes en España, in shâ’ Al·lâh.

Empezaré advirtiendo de que parto de una postura, esta vez, en la que voy a evitar todo tipo de consideración ociosa, si Dios quiere. Mi situjihadismo es una crítica eufórica de las palabras ajenas y propias, pero sé que puedo perder lucidez si lo activo de forma mecánica. Por eso mismo, voy a intentar -in shâ’ Al·lâh- no hacer disquisiciones sobre cada idea discutible, para centrarme en las constataciones más apremiantes. La intención del artículo, en verdad, es advertir ante un fenómeno político que se está produciendo en España, aunque el autor prefiera, por rigor y por prudencia, hablar de Catalunya. Como no conozco la situación concreta de ninguna comunidad, pero sí he seguido meridianamente bien los datos de la prensa  especializada y generalista sobre la situación en el conjunto del país, puedo postular que las consideraciones apuntadas por Abdennur Prado para una parte son válidas para todo el Estado. El salafismo, integrismo entendido por mi parte como emulación total de las hagiografías de los primeros musulmanes, hagiografías cristalizadas al menos un siglo después de la vida histórica de sus protagonistas, es un producto político derivado del wahhabismo y pulido por una serie de pensadores del siglo XX. El salafismo está en auge, o sigue creciendo, en España. Los salafistas son musulmanes practicantes, y parece cierto que son los que impulsan nuevos centros de culto, aunque ya no sé si se preocupan de registrarlos como mezquitas. El salafismo en España no está incitando en público, los viernes, a la violencia, pero la policía nacional no puede seguir las conversaciones informales entre salafistas en las que se mencione genéricamente la necesidad de resistir y apoyar a los muÿâhidûn, precisamente genéricamente, y menos probablemente, ejercer violencia y acoso sobre otros musulmanes en el territorio donde residen.

La policía tiene un trabajo y un ámbito de acción en materia de vigilancia del salafismo, y los responsables de asociaciones musulmanas, otro ámbito de defensa del islam frente al salafismo. Además, musulmanes de a pie tenemos la responsabilidad de escuchar y dudar de todos, y de apoyar a nuestros representantes cuando están comportándose con justicia, afirmando la autoridad, que no poder, que les concedemos. El islam no puede combatir el salafismo, puede integrarlo, o dejar actuar a la policía y la justicia civil en caso de delito. Para integrar en el seno de la religión de la moderación, el islam, a adultos o jóvenes que están embargados por sus sentimientos y comportamientos extremistas, el islam no puede recurrir a otra palabra más que la palabra. Pero ni siquiera la palabra del Corán, sino la palabra profana. No tiene sentido, más de lo adecuado, escandalizarse más que ellos, ante ellos, por lo que les escandaliza. No podemos poner el Corán por encima del Corán que ponen (y que no leen con el intelecto -3aql-). Tenemos que ejercer la persuasión desde la sinceridad con el equivocado, para que nuestra seguridad de que está equivocado no sea una negación de la posibilidad de que pueda tener verdad también.

La sinceridad implica, en un diálogo con un salafista, no ceder nada de lo que uno piensa como musulmán, sin refutar su dignidad humana. Se trata de llamarlo falso en su islam, pero no falso, sin pruebas, en su palabra misma. En una discusión de estas características, en la que probablemente se condensarán en pocos minutos parámetros sociolingüísticos tan variados como: la nacionalidad de los interlocutores, la edad, la formación académica, la posición social, económica y familiar, así como parámetros históricos que conforman los criterios manipulados y manipulables de “Oriente-Occidente, Islam-Occidente, Inmigrantes-Occidente”, la sinceridad del musulmán -dondequiera que esté en esas dialécticas que no se descartan con un simple gesto de la mano- con el salafista es romper el hielo como lo haría Muhámmad con los Mequíes: con firmeza abierta, y una sinceridad sometida al Otro, aún  cuando sólo sea la sombra de un pariente mezquino que es entrevista en el rostro de Abú Lahab.

Wa-Al·lâhu A3lam

Mucho más tarde, aprovecho un comentario para recordar que el antecedente del grupo terrorista del AlQaeda en el Magreb era el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), que cometió crímenes masivos contra la población en Argelia.

2 comentarios

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2 Respuestas a “Consideraciones sobre el auge del salafismo

  1. Isa Salam

    Assalam creo que relacionar salafismo y terrorismo es puro desconocimiento de los principios del movimiento.

    ¿Cuando aprenderemos a diferenciar a movimientos de masas religuiosos y minorias politicas militantes?.

    Subhanallah, el articulo me ofende pero no como salafi -que no lo soy- sino como profecional objetivo y respetuoso, amigo no es lo mejor que has escrito.

    • Mira, Isa Salam voy a ser muy claro:

      Si quieres pedirme que no relacione al salafismo con el terrorismo, acepto matizar que no todas las formas de salafismo son iguales, y por tanto, las hay no-violentas y otras que sí lo son.
      El salafismo es el caldo de cultivo de los grupos qaidistas, ahora bien, hay salafismo que se oponene a Al Qaeda. Espero que estés satisfecho, pero no voy a dar muchas más explicaciones.
      Salam allah ma’ak.

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