Ilegalidad y terrorismo de Gaza a Madrid, pasando por Washington

Bismillah al rahmán y rahim

El anarquismo tiene una respuesta sencilla a todo lo que ocurre en nuestros días, al terrorismo amparado por el Estado, puesto que el anarquismo no distingue la violencia del Estado de cualquier otra violencia, e incluso define al Estado por su carácter violento.  Precisamente en la medida en que rechaza sumarse al juego del poder y sus legitimaciones, abandona el discurso de la dialéctica con el otro, para definirse desde su postura moral decisiva de no-violencia y no-colaboración con la violencia del otro. Pero la solidez de la postura moral no va acompañada en el caso del anarquismo de una postura práctica ante el deterioro de las condiciones objetivas de los individuos. Un análisis impecable no supone una decisión impecable. Para tomar una decisión, no ya impecable, pero sí suficientemente práctica como para superar la invocación moral y despertar el espíritu intelectual de cualquier interlocutor, hay que apelar, en mi opinión, a una objetividad de lo que entre los dos y con terceros se podrá entender como justicia necesaria. Invitar a un ejercicio violento de aplicación de la necesaria justicia es el paso que el anarquismo probablemente no quiera dar, pero es el único paso ineludible de la colaboración política que pueda invertir el imparable deterioro objetivo de la vida. Sin ese fondo de sistema voluntario, solo queda la anarquía, que no garantiza en absoluto nada. Puede ser un paraíso o un infierno. Gaza nos ha demostrado que las posibilidades del infierno  se actualizan antes de que podamos comprobarlo. Mientras que el anarquismo piense en la anarquía como paraíso sin pruebas, y nunca las tendrá, se limitará a ser un acto de lucidez y perspicacia, pero no una respuesta política ante la barbarie, en el supuesto de que exista alguna, como sugeriré al final.

Tras el intenso bombardeo israelí de tres semanas de Gaza y la pasividad deliberada del mundo supuestamente más concienciado de la historia de la humanidad por los derechos humanos, los valores democráticos y la moral pública de la paz, cabe constatar que la conciencia masiva desgraciadamente ha normalizado definitivamente la aceptación de su violación impune por una categoría definida de personas, que habría que calificar por su carácter ilegal y terrorista, pero que paradójicamente son los gobernantes, ya sea de democracias o dictaduras -no insistiré en la respuesta anarquista-. Porque en Gaza, fue una partida entre la humanidad y los gobernantes, y pese a la inevitable resistencia y superación del asalto por parte de la vulnerable humanidad, hay que reconocer que ganaron los gobernantes, los que no pueden perder, porque son impunes. Hoy se ha ido el mayor terrorista de nuestros tiempos y ha entrado el siguiente, y en Gaza los escombros y los cadáveres son huellas que las televisiones y Reporteros sin fronteras se encargan de borrar a marchas forzadas, para que el nuevo señor de las vidas ajenas pueda empezar el trabajo con las cuentas a cero.  Mientras,  en Madrid se prepara la delegación definitiva de cualquier responsabilidad del Estado inmediato para entrar en la ilegalidad reconfortante del terrorismo de los gobernantes. A partir de mañana somos, como europeos de Obama, los más entusiastas ayudantes oficiales y voluntarios al gran esfuerzo de los gobernantes para terrorizar más a la humanidad.

A no ser que no lo aceptemos. Que lo sepamos, pero que no sea con nuestra colaboración. No es definitivamente anarquismo, porque no excluye nuevas colaboraciones políticas, pero sí es una crítica feroz al pasado progresista de nuestras juventudes. No hay excusa para perdonarnos nuestra benevolencia con los gobernantes, y suficiente dolor será vivir el resto de nuestros días con la culpa de su impunidad consentida, como para estar andando con prolongaciones. No hay fórmulas, hay odio, negación, desconfianza y,  solo en última instancia, complicidad entre individuos muy selectivamente reconocidos como interlocutores, posibles amigas y amigos. Y de allí, de esa fina idea, quizás surja una salida política que sirva al menos de silencio para Gaza y para la humanidad. In shâ’ Allah.

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