El Corán de Julio Cortés

Bismilah al rahmán y rahim

¡En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso!

Así traducía la fátiha, el exordio, “la que abre”, el arabista recientemente fallecido Julio Cortés Soroa, a quien los dos profesores Miguel Hernando de Larramendi y Salvador Peña dedican un sobrio obituario “in memóriam” en las páginas de El País. Esta propuesta, con sus aciertos y sus límites, resume en buena medida la grandeza, importancia y fecundidad de la traducción que realizó del Libro Generoso, y que con su diccionario de árabe culto, constituye un pilar fundamental de su obra y legado académico y biográfico.

Siempre he elogiado las traducciones al Corán de Julio Cortés y Juan Vernet, desmarcándome en ese sentido de un cierto consenso entre los españoles musulmanes que les ha hecho casi siempre preferir no solo la momumental versión comentada de Muhámmad Asad, El Mensaje del Corán, en el mejor de los casos, sino también sencilla y llanamente desconsiderar con displicencia las respectivas de los dos arabistas españoles, en los menos afortunados. Me centraré en la de Julio Cortés en esta ocasión, para subrayar cuál es su principal virtud: la inteligencia. La traducción de Julio Cortés brilla por sus apuestas. Una traducción total, optando por verter en castellano el fondo y la forma del texto árabe; la decisión de señalar con notas en asterisco los términos que, por elipsis o métrica, necesitan cierta paráfrasis; la mención en muchas ocasiones de los paralelismos internos y con pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento (recordemos que 4 quintas partes del Corán es una admonición y recordatorio de los mensajes de los profetas anteriores, para todos ellos la paz); la agrupación temática con breves subtítulos de los grupos de aleyas que conforman sentido: todas y cada una de estas arriesgadas soluciones contribuyeron como antorchas al amanecer  en nuestro humilde empeño, el de todos sus lectores, por precisar e indagar más profundamente en el espíritu y el sentido de la palabra revelada.

Es cierto que su traducción adolecía del propósito mismo traductor, y que en ese sentido, los más lúcidos comentaristas, y pienso en dos  queridos hermanos en concreto, usaban precisamente sus versiones para ejemplificar la necesidad de una descontrucción activa y radical del orientalismo cristianizante de la escuela de traducción española arabista. No cabe duda de que este trabajo hermenéutico es una obligación ética, que podemos asumir o no, pero que no puede ser relegada como mera escolástica o ganas de sacarle punta a todo. La traducción del Corán tiene en España una tradición de siglos que nos remonta a las aljamiadas y a las primeras latinas realizadas en la Península. No hay arabismo sin permanente discusión con el Corán, y no hay islam auténtico, más allá del islam identitario (el que menos me interesa), sin un intento sincero de abordar decididamente esta misma tarea.

La obra como arabista y humanista de Julio Cortés se verá justamente reconocida con el paso de los años, puesto que siempre acudiremos a su sabiduría para avanzar en este camino incierto que es la vida, en la tierra, entre seres humanos, de carne y hueso, y que serán, seremos polvo.

Que Dios lo recoja en su compasión.

Exordio

¡En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso!

¡Alabado sea Dios, Señor del universo,

el Compasivo, el Misericordioso,

Dueño del día del Juicio.

A Ti solo servimos y a Ti solo imploramos ayuda.

Dirígenos por la vía recta,

la vía de los que Tú has agraciado, no de los que han incurrido en la ira, ni de los extraviados.

3 comentarios

Archivado bajo al-Andalus, arabismo, Bagdad, Bible, criticism, Education, islam, Jihâd, Literature's Theory, orientalism, poética, press, quotes, rhetorics, situjihadism, Sufism, كرامة, webislam, القران الكريم, دعاء, صلاة, صبر

3 Respuestas a “El Corán de Julio Cortés

  1. No sé si el problema de las traducciones españolas del Corán haya sido la preocupación de la escuela de arabistas españoles, como tampoco el problema de confeccionar materiales básicos de aprendizaje del idioma (diccionarios, gramáticas, métodos…) pero, por lo que valga, quizá se pueda atender lo que comentaba Juan Vernet.
    ¿Y la traducción catalana de Mikel de Epalza te merece alguna opinión?

    • La traducción de Mikel de Epalza es una referencia fundamental. He llegado a ella tarde y por empeño personal, me acuerdo de una tarde entera (maravillosa) por toda Barcelona buscando un ejemplar que encontré finalmente junto a la Rambla. Me encanta que tradujera varias veces el mismo pasaje.

      Muchas gracias por el enlace y el comentario.
      Saludos

  2. Manuel Obando

    Me interesa El Corán, ya que estoy estudiando con Mr. Don McCurry, el libro del Corán

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