¿Quién es Adriana?

A propósito del cuento de Búfalo Frankfurt sin Adriana.

Siento que tengo que seguir explicando las cosas de la forma más sencilla posible. Las pistas: fíjense en la etiquetas, entre ellas una clarísima, “Quitasueños“. Es por lo tanto la tercera capa, después de En el desván, con forma de poema, del motivo inicial o simplemente el primero en orden de aparición que fue Quitasueños (Cuento cubista con relojes), que ya intenté comentar, pero digamos que voy a intentar un análisis de nuevo del conjunto de estratificaciones que conforman la ficción global, enlazada por hilos especialmente sugestivos. Siguiendo un método pseudogeológico, intentaré una posible arqueología de los hilos descubiertos.

1ª capa: tenemos explícitamente un cuento cubista, con varias visiones correspondientes a sus respectivas percepciones, algunas objetivas y otras subjetivas, de un mismo hecho: un profesional va a liberar dos ¿cadáveres? congelados, -sabemos ya que son quizá madre e hijo-, y cree percibir en los rostros congelados la última conversación, o tal vez somos nosotros cómplices lectores los que tenemos acceso a sus últimos susurros o sueños. En el mismo hecho narrado están también los efectos de la sierra sobre el hielo, que puede recordar muchos instrumentos musicales y que desdobla la propia conversación telepática entre los tres fantasmas, con elementos angustiosos como las referencias al azul (“Sin ni siquiera el sonido de los árboles iba incrustando el azul.”) y al hielo (“Cogió el martillo y el hielo no suena como suenan las sinfonías“). Me resulta fácil señalar estos elementos porque se repiten en las otras capas. Veremos, intenteremos ver cómo y por qué.

2ª capa: el desván que ya aparecía en la primera capa, y que podía darnos una buena pista, ya que se hablaba de una canción fúnebre, pero también de nanas, cobra en esta segunda capa todo el protagonismo. Los fantasmas del hecho A (1ª capa) pueden ahora ser interpretados como un monólogo de un niño en un desván ante las fotografías de su ¿madre?, o por lo menos a ella (mujer) se dirige el yo poético. Pero vemos que en realidad habla a su madre sobre una mujer misteriosa, parece que puede haber estado ausente por alguna razón, pero él la quiere, quiere convencer a su madre de su elección por ella (“Madre, es bellísima como las cuerdas de los violines /como las teclas de un piano es bellísima“). Estoy dispuesto a afirmar que ella es la muerte (“como el hielo en el hueco de la boca“) y la vida, en forma de despertar de un sueño macabro, que viene de las manos del médico-fantasma, el prfesional del hecho A. El poema insiste tanto en el azul que no cabe duda: el azul del hacho A está en los ojos del niño, él es quien se está muriendo, pero desde su perspectiva son los otros los que se están helando, para siempre.

3ª capa: La interpretación en este nivel será muy arriesgada, porque ya no cuento con muchas indicaciones directas y exclusivas, pero voy a jugar mis cartas. El hecho B (2ª capa) se traslada al presente posible del yo poético, que pasa a ser el Yo autoficticio, el Búfalo que escribe bufaladas y que las publica en un blog aséptico, personaje misterioso que  escribe desde el extranjero (“Cartas que se envían desde el exilio”) aunque sabemos que el país es Alemania, y sabemos que el hecho B es un recuerdo suyo preparado como medicamento de la memoria para olvidar un episodio traumático, el suicidio de su amante en un piso de Frankfurt. Naturalmente, es el suicidio de un amor, que no tiene futuro, porque él solamente desea ya que ella no lo olvide. Un amante solamente pide esas cosas cuando se despide.

El tríptico (¿por ahora?) Quitasueños es un hito poético y narrativo realizado por un  escritor ya suficientemente maduro como para intentar algo tan sutil. No se trata de usar la palabra estilo, porque es un resultado de un ejercicio intenso de escritura que comenzó ya hace mucho tiempo, y que es la desnudez misma del alma sin abusar de la primera persona. Sólo un escritor seguro de sí mismo emprende una revisión de la lírica, del cuento fantástico, del cine aftergore, del diario de un amante melancólico y de la tradición contemporánea de autoficción saliendo airoso, absorbente y delicado, al mismo tiempo que inicia una  activación generalizada de las emociones del lector o lectora.

Para concluir, quiero proponer mi respuesta a la pregunta que planteo en el título. Adriana es la escritura. Adriana es la voluntad de señalar, de exigir al tiempo derechos y garantías de eternidad para los momentos escasos de amor y verdad con los que el autor y el lector (o lectora) puedan cruzarse, eso sí, a base de salir religiosamente a buscarse la vida en el crudo invierno de la realidad.

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