Nemus accubat umbra

El bosque sagrado acuesta su sombra en el suelo. La sacralidad del bosque es el fondo del concepto islámico del haram, el territorio sagrado/prohibido/respetado. El bosque es sagrado porque la naturaleza necesita ese respeto para regenerarse. Los movimientos que aplaudo relacionados con la Campaña por la Abolición de la Deuda Externa y la Restitución de la Deuda Ecológica han conseguido dar nombre a la urgencia de resacralizar, reencantar el bosque de la humanidad, el planeta tierra, ese enfermo intoxicado. La Deuda Ecológica por el Cambio Climático que los países ricos deben al Tercer Mundo establece una valoración precisa de las consecuencias del saqueo desde los comienzos del capitalismo, y la evidencia científica no es más que un aspecto. Porque todos podemos sentirlo al darnos un paseo que los árboles son un bien material e inmaterial, que las vibraciones que nos transmiten van más allá del oxígeno y la biodiversidad que garantizan.

Por eso las guerras y los ejércitos y el militarismo son tan lamentables, porque suponen un derroche de energías y recursos para seguir destruyendo lo que tantos siglos ha tardado en crecer, sin hablar ya de las víctimas civiles y del sistema de valores agresivos, machistas y estériles que la disciplina militar impone en los cerebros de los soldados.

Mientras sigan apoyando las guerras en curso, el parlamento Europeo, la Comisión Europeo y los gobiernos nacionales no tendrán ninguna legitimidad para dar lecciones de DDHH a ningún otro país, sobre todo después del desastre de Copenhagen, de las mentiras masivas de la ayuda al desarrollo y de la corrupción del humanitarismo.

Ahora bien, países como Irán, China y otras dictaduras no son ejemplos ni en materia de ecología, ni en DDHH, ni en términos de explotación de la clase obrera. Por lo tanto, la sombra del bosque no parece que vaya a perdurar, y pronto estaremos sumando a la nostalgía de la libertad la nostalgía de la belleza natural, y esa no tendrá cura fácil.

Foto de Olli Malmivaara, Misty forest by the seashore in Munkkiniemi, Helsinki.

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