Carta a Búfalo

Yo tenía 16 y ella unos meses menos. Le decía a los amigos: estoy enamorado de ella, véte a decírselo. Alguno la primera vez lo hizo, pero con el tiempo pasaban, me decían que ella ya lo sabía. Entonces yo insistía: no, es que ella no se entera, yo la quiero, la quiero la quiero. Un pesado. En los bares donde aún no bebíamos alcohol, los mayores jugaban al billar, hablaban de motos y de música tecno. Yo me quedaba pasmado mirándola. Si estudiaba piano, yo tenía que estudiar piano. Si quería tocar la guitarra, me ofrecía a darle clases. Escribía un poema donde ponía “… volver a vez tu tez mora“, y se lo mandaba por intermediarios cansados.

Después la vi en Madrid, ella iba a Lisboa. Fuimos a Badajoz y me metí en una casa llena de papeles de plata, me sacaron un cuchillo, cuando volví, cagado de miedo, ella me dijo que era un inútil.

Después la vi en un sueño. Estaba colgándose de un árbol, y yo quería subir, trepar, para abrazarla, entonces la rama se rompía, y acabábamos los dos en el suelo, ¡por fin abrazados!

Después la vi en París. Trabajaba de becaria para la Unesco. Yo estaba vendiendo hachís en el Quartier Latin. Entramos en el teatro donde siempre ponen La Cantante Calva de Ionesco. Nos reíamos, ese texto lo habíamos interpretado juntos en el instituto, nos sabíamos la escena de los malentendidos de memoria, pero la intepretación profesional superaba con creces nuestras viejas proezas.

Después coincidimos en Miami. Se había casado con un rico millonario egipcio. Yo era traductor del principal capo de la mafia cubana, me sobraban los billetes de cien dólares, pero estaba mucho más calvo y mucho más gordo. Le conté una a una todas mis peripecias, que si las bandas, que si el árabe que me abría puertas en los palacios de la cocaína, que si las carreras de caballos, que si me gustaba aún bailar el vals.

Ahora, Búfalo, cuando pienso en ella, lamento no haber escrito antes una novela.

1 comentario

Archivado bajo autobiografía

Una respuesta a “Carta a Búfalo

  1. Búfalo

    Es cierto. Te guardé el secreto no sólo en el Quartier Latin, también cuando volviste con el rabo entre las piernas y cuando se te acabó el chollo antes de Suiza. Es divertido ver cómo escabulles lo de Tánger, la casa de putas en Berlín y cuando te liaste con la que era mi novia en el puente de Triana. Was für eine Opfer. Me hiciste un favor, esa te la sigo debiendo.

    Después, mientras estabas fuera, alimenté a una que decía que venía de tu parte. Tenía acento uruguayo y los ojos turcos. Cuando me dijo que todo era una farsa me faltó tiempo para echarla sin despedirme. Seguro que me comprendes. Te agradezco que omitas la vez que salimos por patas de aquella “fiesta” y alguna que otra anécdota en el ático frente a la Catedral. Recuerdos del Punki. La familia sigue siendo grande. Ma’assalama.

    Las cosas que NO te perdono te las diré a la cara. Espero que sigas en forma física, porque acabará en reyerta. Así que cuídate, vale?.

    PD: Las traducciones van tardando debido a su fidelidad semántica. Un par de días y solucionado.

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