Rajoy, bufón de España, hazmerreír de la comunicación

El pillo pollo, ladrón drone, militante del PP y descontable múgico Luis Bárcenas sacó, -en su rocambolesca versión ante el juez-, 330.000 euros del banco en billetes de 500 euros (¡!) para pagar un cuadro del pintor barroco Juan van der Hamen en efectivo. Más allá del cuento para noche cómica en telecinco, el gusto coleccionista de L.B. es ciertamente estimable, aunque finalmente tuvo la poca astucia de no comprarlo, y quedarse con el marrón de esa versión inverosímil como supuesta coartada, en vez de la preciosa tela anhelada de van der Hamen. Uno de los cuadros más simpáticos de este gran artista, que murió con apenas 35 años pero supo entender ya a esa edad toda la esencia del poder espectacular, representa un enano, el “enano del conde de Olivares”, vestido de valido del rey, con los atributos del poder, bastón de mando y hasta espada. A veces un enano encarnaba mejor la vanidad del poder que los solemnes retratos. Hoy Rajoy tiene que soportar que hasta el más insignificante columnista de un diario de provincias resuelva en dos patadas su jornada con algunos calificativos al azar de lo que representa el líder de la oposición y máximo dirigente del PP. Las enumeraciones sobran. Hay para todos los gustos, y se le pueden dirigir desde la izquierda y desde la derecha, es más, se le critica desde la política y desde fuera de la política, porque no representa ninguna sustancia ideológica, y le caben todas las malas ideas que se puedan tener de un dirigente. Es el jefe de un tinglado desmoronado (pepetragedia en gurtelandia), el tonto útil de un gobierno que debería sentirse débil y en absoluto lo está, un gobierno que recibe al primer ministro israelí porque ya ni le preocupa perder mucho por la izquierda, porque con ese jefe de la oposición, en dos años, Zapatero (o quien le sustituya desde el PSOE), mayoría absoluta. Rajoy tiene montado un circo que es su propio cerco, un vertedero de graciosos tramposos, chorizos pringosos y demás damas de la incorporación dermoestética a la políticorrupción que reclaman vanamente que la prensa acreditada se las tome en serio. Rajoy, bufón de España. Rajoy, hazmerreír de la comunicación. Si Rajoy cotizara en Bolsa, su pellejo estaría de trapo para limpiar las pantallas del Ibex. Si Rajoy  fuera profesor de Universidad, daría clases en la Facultad de Geografía: Geología de la Vergüenza.

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