Perfectos melancólicos

Una tristeza feliz, una tarde nocturna, una mañana decadente, una juventud desilusionada, las notas de la Gnossienne Nº 3 y de las otras obras de Satie remueven los momentos más delicados en los que se confunden los recuerdos, las pérdidas y los abrazos aún cálidos de la belleza incipiente. Ninguna ciudad es igual con o sin Satie para la banda sonora, pongamos una ciudad que puede presumir de humor como Sevilla, enseguida parece otoñal, francesa, educada, ajardinada, lluviosa. No hablemos de París ni de las ciudades francesas, o por ejemplo Ginebra, que con la Gnossienne Nº 5 parece pacífica y frágil, menos banquera y más humanista, menos artificial y sí más sonriente. Cualquier música, se podrá argumentar, distorsiona nuestras emociones, pero eso no explica la extrañeza que puede producir hasta una ciudad tan abierta como Madrid sumergida en el misterio de una de sus danses de travers, o la luminosidad que puede lograr con dichas notas Londres o Glasgow, o cualquier ciudad alemana. Hay mucho cine que se inspira en los graciosos diálogos infantiles de las obras pianísticas, las escenas de adolescentes americanos o de terroristas islamistas adquieren incluso con la rotundidad de Hollywood cierta blandura entrañable cuando suena de fondo ese piano. También la pintura se comunica intensamente con esos quejidos que acaban en disonancias, con los juegos suaves de las manos acariciadas, que podrían ser las de Rodin y su amante, las de Schiele y su mujer, las de Picasso y Jacqueline. La playa jamás será tan festiva, pero tampoco tan superficial, una vez que un air à faire fuir recorra las dunas y se mida con las nubes de septiembre, la ciudad, -vuelvo a ella-, sus bares, cafeterías, están marcados por los pasitos titubeantes de sus frases. Parecen adivinanzas de niños delante de lavanderías, dialectos de galeses en un pesquero amarrado en puerto, fábricas de chupachups con expediente de regulación que por la noche son asaltadas por los duendes sastres para crear una cortina inglesa de caramelo y un caballo de chicle.  Y ya no hace falta decir nada de las Gymnopédies.

2 comentarios

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2 Respuestas a “Perfectos melancólicos

  1. eva

    Acabas o texto Abenyusuf coa obra que teño en mente mentres te leo. Gymnopedies. Lugares atravaesados polas teclas dun piano, pola melancolía e a delicadeza extremas de Satie. Podería ser tamén o Pintor da luz e da auga.
    Para min, son noites de temporal de inverno, preadolescencia e conservatorio.Encántame a imaxe dun cabalo de chicle.

  2. un cabalo de chicle exténdese et conquista novos montes como un violín, coma unha frauta, case que é tela rosa.

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