Connivencias con el poder de El País

Tu mente dejándose llevar por mitos de bailes que  se cumplen: es así en un andén, en un bar de Oporto, en el bar de un museo, de un discoteca o en otro tren. Hasta en un autobús, o cuando hablaste con traficantes de heroína poéticos en una celda o con inmigrantes sabios en un puerto. La verdad es que el Sur se deja en tu mesa mensajes cifrados de helicópteros en vuelo y reyes sin amantes. Tenías ganas de censura y tu presente se enfrentó con su pasado, que eras tú, y recibiste una buena paliza llena de promesas: la juventud. Te tiraste en un ejercicio mortal de irresponsabilidad al mundo de la honestidad intelectual. Saliste fortalecido, pero tus ganas de poder te volvieron a picar. Ya no comentas las noticias, ni bebes como antes: te reservas. Ya solo negocias la  división del mundo desde un pequeño despacho. Los situacionistas te dieron un método y un escritor francés profético una meta: ahora en realidad ya lo estás consiguiendo, aunque apenas se aprecie. Pero sabes que no se lo debes al desierto. La felicidad insolente es una opción vital solamente bella cuando no se descubre otra salida más inocente. Los billetes para el viaje al lenguaje tienen suplemento por frecuencia de uso insólito.

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Archivado bajo autobiografía, âge hypermoderne, politics, sent-hoyo, situjihadism, tale

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