Tranvías de relaciones bárbaras

Robo a los ermitas su calma, robo a los bebedores su recuerdo de yacimientos fenicios, no suele pasar que un acordeón repita las urgencias del Gran Gigante del Norte. Inventémonos un kilo de eficacias contra la sequía de las butacas, un fonógrafo de mentiras para los aspirantes al trono del Gas. Rastafaris se enfrentan con los zombies hooligans de recesiones venecianas, y la humedad de los forrajidos promete un renacer de fibras ópticas. Barro insistentemente los pocos elementos que me recuerdan las semánticas de las tribus a las que pertenezco, me refugio en tranvías de relaciones bárbaras, muchas veces las palabras se esconden para no enfrentarse con la ruptura de los valores vacíos. Los rastros de ciudad fagocitan la juventud, los delirios de ferocidad encierran maravillas africanas y los bárbaros, los bárbaros suben al tranvía del derrumbe de nuestros sueños y nuestras playas. Qué feliz es el niño en el trayecto a la escuela, porque su fantasía se expande en caseríos y en gimnasias, y en alucinaciones textiles. Un alud.

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