Para acabar con el confort nihilista

Sabemos que todas las realizaciones nuevas son propiamente provisionales, y siempre demasiado escasas como para satisfacernos. Las defendemos porque no tenemos nada mejor que hacer; y porque, a fin de cuentas, es nuestra oficio.

Pero no podemos permitirnos la indiferencia ante los ahogadores valores del presente; porque éstos vienen garantizados por una Sociedad de cárceles, y porque vivimos a las puertas de las cárceles.

No queremos participar bajo ningún concepto, aceptar callarnos, aceptar.

Aunque sólo fuera por orgullo, no nos complace parecernos a demasiada gente.

El vino tinto y la negación en los bares, las primeras verdades de la desesperación no serán el culmen de estas vidas tan difíciles de defender contra las trampas del silencio, las cien maneras de RECOGERSE.

Más allá de esa carencia que siempre hemos sentido, más allá de la inevitable e imperdonable destrucción de todo lo que hemos amado, el juego sigue abierto, aquí estamos. Toda forma de propaganda será por tanto buena.

Es nuestro deber promover una insurrección que nos incumba, en consonancia con nuestras reivindicaciones.

Es nuestro deber dar testimonio de una cierta idea de la felicidad aún cuando la hayamos conocido perdedora, idea a la que todo programa revolucionario tendrá que amoldarse desde el primer momento. (1953, p. 101)

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Archivado bajo Guy Debord, sent-hoyo, situjihadism, traducción original

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