Un prophète, película mayor de Jacques Audiard

La visión de la película francesa Un prophète, del director Jacques Audiard, es una auténtica iluminación sobre las posibilidades del cine en el siglo XXI. Ante todo, y para los lectores no francófonos, tengo que advertirles que en este caso no vale ninguna excusa, aunque no entiendan a los actores en la versión original, no pueden verla doblada. Debe verse obligatoriamente en francés con subtítulos. La maldita costumbre de hacer hablar a los personajes de origen árabe con un acento ridículo, que no es ni ceceo, ni “imitación” del acento francés hablando español, es un despropósito perturbador y el fruto podrido de unos productores de la distribución en España de un catetismo colosal. Los franceses beur hablan francés, perfectamente, y si se puede apreciar detalles en su expresividad locutiva y exclamativa, intentar reproducirlos como un defecto de pronunciación no es más que un acto de clasismo subracista.

En cuanto a la película, obra maestra como pocas se pueden ver hoy en día, es fundamental no obsesionarse con detalles de violencia o de plasmación fantástica de la conciencia de culpabilidad del personaje principal, para evitar caer en la tentación de no verla sobre todo como una película absolutamente comprometida con los mecanismos clásicos de la ficción. La violencia y el componente fantástico no se superponen a los elementos básicos que estructuran la narración: linearidad, poderío, clasicismo. Tragedia edípica, western moderno, película “carcelera”, relato iniciático, fresco realista de la Europa rota por la crisis, gesta de la camaradería y del individuo, de la soledad y de la lealtad, en sus vertientes más emocionantes y aterradoras, la película Un prophète es también un antes y un después para la visión del islam en Francia, del islam francés sobre sí mismo y desde el contexto multicultural presente, lo que llamo la cartografia andalusí contemporánea (CAC). Es una historia de Francia en sordina, con sus parcelas clásicas de cine negro, de cine de borsalismo, mafias y gabins, pero es también una visión ya post-islámica de la universalidad del prototipo profético.

El personaje principal, Malik, es efectivamente una lectura impresionante, moderna, trascendente, de la Sîra de Muhámmad, el profeta del Islam. Los detalles explícitos interpelan al espectador sociológicamente musulmán, pero no lo aturden con una visión hagiográfica, ortodoxa, sino como una profundización sobre la figura muhammadiana en su sufrimiento, y en su esfuerzo de superación (jihâd). No cabe duda de que aun manteniéndose hasta el final lejos de una lectura de proselitismo, el islam adquiere en el tercer tercio de la película una auténtica dimensión liberadora, con todas las reservas que el final de la película abierto, doblemente abierto, o incluso triplemente abierto,  deja, para que en todo caso el espectador disponga de la libertad para interiorizar los sentimientos provocados: emoción, gratitud, vacío mental.

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Archivado bajo cinema, criticism, France, islam, islamofobia, Jihâd, léxico, situjihadism

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