Más allá de la revolución situjihadista: la nueva configuración del mundo árabe

… y se abre así una época de revolución social.

Marx, 1859.

No habiéndome equivocado mucho en ninguno de mis posts anteriores sobre las revoluciones situjihadistas en curso, me veo con autoridad para seguir comentando lo que está sucediendo y vaticinando lo que va a pasar, el porvenir de una revolución transfronteriza y (re)mediadora de las identidades humilladas árabes, mediterráneas, africanas. Entiendo que el papel de los ejércitos va a ir disminuyendo en Túnez y Egipto, que la revolución derrocará muy pronto a Gaddafi en Libia y que el terremoto político agitará profundamente a Argelia y Marruecos. De los países del Golfo no hablaré, ni de Siria, Irak y Arabia Saudí, aunque sólo sea porque lo que sucederá allí vendrá después.

1ª Fase de la revolución: consolidación de las dinámicas de autogestión

La ciudadanía toma el control de las instituciones locales, al mismo tiempo que las huelgas masivas sin control de sindicatos instauran la práctica asamblearia como fórmula de toma de decisiones. Los jóvenes que manejan bien las nuevas TIC crean plataformas de coordinación entre comunidades de intereses, que poco a poco van conformando las bases de nuevas fuerzas políticas, carentes de jerarquías, dinámicas y en constante redefinición. Las inercias del pasado se asocian con la inoperancia, motivo por el cual los gerentes, empresarios e inversores deciden poco a poco adaptarse y sentarse en la mesa de negociación con los vocales de las decisiones compartidas. La transparencia sobre las negociaciones viene garantizada por el control efectivamente ejercido mediante el seguimiento casi en directo de los posicionamientos de los vocales. Estos no son nunca representantes, sino meros primos entre cómplices.

2ª Fase de la revolución: boom económico e inserción en la economía global

La vertiginosa mejora en el funcionamiento de la justicia, la proliferación de la eficacia administrativa y la desaparición drástica de la corrupción produce un boom económico sin precedentes desde el siglo XIII en la cuenca mediterránea, viéndose beneficiados no solamente los países en plena efervescencia situjihadista, sino también los europeos que, por cercanía geográfica, son los primeros en recibir las ondas expansivas del crecimiento de los vecinos del Sur. Frente a la estrategia china de implantación en África basada en inversiones empaquetadas que no generan interacciones laborales con la masa obrera local, los nuevos inversores liberales europeos encuentran en las empresas liberadas y en las fábricas autogestionadas de estos países árabes una predisposición a la cooperación que da inmediatamente frutos tangibles: los aumentos espectaculares en la producción de bienes de consumo y en la implantación de servicios, el boom inmobiliario para suplir los déficits de millones de jóvenes parejas sin casa propia, y sobre todo la explosión de las comunicaciones y el turismo entre las dos orillas. Vaticino una presencia alta de jubilados europeos en ciudades geriátricas mediterráneas que compaginen la suavidad del clima con la comodidad más moderna.  A su vez, la internacionalización de las inversiones en los sectores estratégicos del gas y el petróleo producirá una reconversión de las corporaciones enérgeticas que tendrán que rendir cuentas de su impacto ambiental, de su autocontrol en términos de remuneración de directivos y de su adaptación hacia las energías renovables.

3ª Fase de la revolución: extensión de la ola democrática, liberal y fukuyamista

La transformación brutal del Norte de África incide a su vez en el Sahel y, poco a poco, en el resto del continente. Las poblaciones de países como Camerún, Costa de Marfil, Etiopía, Nigeria o Kenia viven sus propios procesos revolucionarios africanos que deponen a los respectivos gobiernos con débil legitimidad. Lo que queda del Estado de Somalia cae en manos de islamistas, que, por presiones de otras países, como Egipto o Sudán, aceptan la presencia de observadores internacionales. Poco a poco, la senda del gobierno se abre entre las filas islamistas más aperturistas,  y Somalia, como otros países, se encamina definitivamente hacia la gobernabilidad y el Estado de derecho.  Los Estados Unidos encuentran en África negra nuevos mercados y aliados que les permiten competir con la pujante economía china. La presión democratizadora alcanza finalmente a China, que para mejorar su economía, legaliza primero los sindicatos y después otras fuerzas políticas. La Historia acaba con el hambre crónico como causa de mortalidad de millones de seres humanos, y el planeta puede entonces plantearse combatir decididamente la destrucción de los ecosistemas y la contaminación de los recursos comunes, el agua, el aire y la palabra.

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