Intifada y situjihadismo

Hay que leer las noticias en árabe para vislumbrar con cierta seguridad obviedades que se esconden en los filtros inherentes a la prensa occidental. La obviedad más trágica y épica en estos momentos es que lo que sucede en Libia es una intifada, literalmente “insurrección”, término que remite a la Intifada por antonomasia, la Intifada palestina. Pero lo importante de esta obviedad trascendente que se bloquea en los filtros espectaculares es que ilumina con rotundidad en qué sentido el acontecimiento, la toma de posesión de la realidad misma por el cuerpo social insurrecto, remite a una genealogía específica árabe y universal que a su vez se ha plasmado concretamente en la lucha infatigable durante décadas del pueblo palestino. Con los errores y aciertos de la resistencia palestina, con la experiencia acumulada de años de sinsabores, sufrimientos y mentiras diplomáticas, los palestinos han educado a los demás seres libres del mundo, demostrándoles que los discursos oficiales de las democracias occidentales no eran sino cómplices de la barbarie ejercida contra ellos por ser los que son, una identidad incómoda para una ideología supremacista y ultracapitalista: el sionismo cristiano, americano e israelí.

Llamar a la radicalización situjihadista en Libia por su nombre árabe, intifada, es un acto de justicia y de honestidad revolucionaria. Porque lo que está en juego en Libia es la reposición, como en la televisión, de una vieja película: el bombardeo inclemente de la población civil por fuerzas armadas con las municiones vendidas a Libia por las mismas potencias que apoyan incondicionalmente a Israel contra los palestinos. Y esta vez, la tragedia convertida en farsangrienta anuncia en su inversión histórica (la victoria de los oprimidos) una redención a posteriori del martirio de los palestinos de Gaza, de Yenín, de Sabra y Shatila. Nadie puede devolver la vida a los muertos, pero la libertad recobrada honra su memoria y devuelve, en parte, la dignidad a los familiares de las víctimas.

En cuanto a la impunidad de las masacres, de los cómplices de las masacres, evitaré falsos consuelos. La presencia insultante  de Simón Peres hoy en España dice ampliamente el grado de infamia a la que nos hemos acostumbrado. Que alguien como Gaddafi pueda ser ahora reconocido como lo que siempre ha sido, un psicópata, es apenas un entretenimiento espectacular que se añade a la galería de los desmentidos publicitarios: Ben Alí, Mubarak, el rey Abdallah de Arabia Saudí, la lista de los dictadores recibidos con todos los honores en las sedes de los gobiernos de todas las democracias más importantes de la Unión Europea es la lista de nuestra humillación. No cabe por tanto ninguna piedad con los sátrapas, mercaderes de armas y filántropos del sector energético que puedan caer en el transcurso de la revolución en marcha. Si Berlusconi tiene miedo por sus ricos negocios con Gaddafi, lo mismo cabe decir de Juan Carlos I, Sarkozy e incluso de Merkel. La extensión de la intifada a la Península Arábiga es deseable y próxima. Confio en la rivalidad de Catar con la monarquía saudí para que asistamos a una nueva fase prometedora de vibrantes liberaciones e insurrecciones.

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Archivado bajo Intifada, islam, Izquierda Anticapitalista, Jihâd, politics, situjihadism, كرامة, [[الله اكبر]], القران الكريم, المقاومة المسلحة في فلسطين, انتفاضة غيتو غزّة

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