Archivo de la categoría: cinema

Cuando éramos cowboys

El Wyoming y la luz del sol sobre la carretera, menuda aventura, las vacas, los whiskys, la verdad es que era una vida auténtica, yo me quedaba con el sol, la lluvia, y amaba, amaba el viento del futuro que me llevaba a Arkansas, a Nueva, York, a perderme en los antros y en los arroyos, en los hoyos y en los mentideros de la gran ensoñación americana.

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La primera película de Tarantino

Estilo en blanco y negro, muchas palabrotas y viejos mitos del rock, una inmensa bandera americana y una mitología del cine en sus primeros pinitos con mucha radio y comportamientos excéntricos. Los ingredientes de las obsesiones de Tarantino ya están mezclados en escenas casi paródicas. My Best Friend’s Birthparty (1987).

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Un prophète, película mayor de Jacques Audiard

La visión de la película francesa Un prophète, del director Jacques Audiard, es una auténtica iluminación sobre las posibilidades del cine en el siglo XXI. Ante todo, y para los lectores no francófonos, tengo que advertirles que en este caso no vale ninguna excusa, aunque no entiendan a los actores en la versión original, no pueden verla doblada. Debe verse obligatoriamente en francés con subtítulos. La maldita costumbre de hacer hablar a los personajes de origen árabe con un acento ridículo, que no es ni ceceo, ni “imitación” del acento francés hablando español, es un despropósito perturbador y el fruto podrido de unos productores de la distribución en España de un catetismo colosal. Los franceses beur hablan francés, perfectamente, y si se puede apreciar detalles en su expresividad locutiva y exclamativa, intentar reproducirlos como un defecto de pronunciación no es más que un acto de clasismo subracista.

En cuanto a la película, obra maestra como pocas se pueden ver hoy en día, es fundamental no obsesionarse con detalles de violencia o de plasmación fantástica de la conciencia de culpabilidad del personaje principal, para evitar caer en la tentación de no verla sobre todo como una película absolutamente comprometida con los mecanismos clásicos de la ficción. La violencia y el componente fantástico no se superponen a los elementos básicos que estructuran la narración: linearidad, poderío, clasicismo. Tragedia edípica, western moderno, película “carcelera”, relato iniciático, fresco realista de la Europa rota por la crisis, gesta de la camaradería y del individuo, de la soledad y de la lealtad, en sus vertientes más emocionantes y aterradoras, la película Un prophète es también un antes y un después para la visión del islam en Francia, del islam francés sobre sí mismo y desde el contexto multicultural presente, lo que llamo la cartografia andalusí contemporánea (CAC). Es una historia de Francia en sordina, con sus parcelas clásicas de cine negro, de cine de borsalismo, mafias y gabins, pero es también una visión ya post-islámica de la universalidad del prototipo profético.

El personaje principal, Malik, es efectivamente una lectura impresionante, moderna, trascendente, de la Sîra de Muhámmad, el profeta del Islam. Los detalles explícitos interpelan al espectador sociológicamente musulmán, pero no lo aturden con una visión hagiográfica, ortodoxa, sino como una profundización sobre la figura muhammadiana en su sufrimiento, y en su esfuerzo de superación (jihâd). No cabe duda de que aun manteniéndose hasta el final lejos de una lectura de proselitismo, el islam adquiere en el tercer tercio de la película una auténtica dimensión liberadora, con todas las reservas que el final de la película abierto, doblemente abierto, o incluso triplemente abierto,  deja, para que en todo caso el espectador disponga de la libertad para interiorizar los sentimientos provocados: emoción, gratitud, vacío mental.

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¿Por qué el letrismo? I (Guy Debord)

Potlatch nº 22 – 9 de septiembre de 1955

¿POR QUÉ EL LETRISMO?

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La última posguerra en Europa parece tener que ser definida sin más remedio como históricamente el periodo del fracaso generalizado de los intentos de cambio, tanto en el orden afectivo como en el orden político.

Cuando invenciones técnicas espectaculares multiplican las posibilidades de construcciones futuras, y simultáneamente los peligros de luchas sociales, asistimos a un estancamiento de las luchas sociales y, en el plano mental, a una reacción total contra el movimiento de descubrimiento que ha culminado en torno a 1930, cuando se asociaron las reivindicaciones más amplias al reconocimiento de los medios prácticos para imponerlas.

Como el ejercicio de esos medios revolucionarios ha demostrado ser decepcionante, en el periodo que fue del progreso del fascismo a la Segunda Guerra Mundial, el retroceso de las esperanzas que se les habían unido era inevitable.

Tras la liberación incompleta de 1944, la reacción intelectual y artística se desencadena en todas partes: la pintura abstracta, momento simplón de una evolución pictórica moderna donde no ocupa sino una lugar bastante ingrato, ha sido presentada por todos los medios publicitarios como el fundamento de una nueva estética. El alejandrino está abocado a un renacimiento proletario del que hubiera prescindido el proletariado como forma cultural con tanta soltura como prescindió de la cuadriga o del trirreme como medios de transporte. Subproductos de la escritura que causó escándalo, y que no habíamos querido leer, hace veinte años, obtienen una admiración efímera pero rotunda: poesía de Prévert o de Char, prosa de Gracq, teatro del cretino atroz Pichette, todos los demás. El Cine, donde los diferentes procedimientos de puesta en escena anecdótica son usados hasta la saciedad, proclama su porvenir en el plagiario De Sica, encuentra lo nuevo −el exotismo mejor dicho− en unas cuantas películas italianas donde la miseria ha impuesto una forma de rodar algo diferente de las costumbres hollywoodienses, pero tan lejos detrás de S. M. Eisenstein. Sabemos, además, a qué laboriosos tejemanejes fenomenológicos se dedican cietos profesores que, por otra parte, no bailan en los locales nocturnos [caves].

Delante de esta feria apagada y rentable, donde cada redicho tenía sus discípulos, cada regresión sus admiradores, cada remake sus fanáticos, solo un grupo manifestaba una oposición universal y un absoluto desprecio, en nombre de la superación obligatoria históricamente de esos antiguos valores.  Una especie de optimismo del invento cumplía la función de rechazo, y de afirmación más allá de esos rechazos. Había que reconocer, a pesar de sus muy diferentes intenciones, ese rol sanador que Dadá asumió en otra época. Se nos dirá tal vez que recomenzar un dadaísmo no era una empresa muy inteligente. Pero no se trataba de rehacer un dadaísmo. El gravísimo retroceso de la política revolucionaria, ligado al descalabro cegador de la estética obrera afirmada por la misma fase retrógrada, devolvía al confusionismo todo el terreno donde causaba estragos treinta años antes. En el plano del espíritu, la pequeña burguesía sigue detentando el poder. Después de algunas crisis rotundas su monopolio se ha extendido todavía más que antes: todo lo que se imprime actualmente en el mundo −ya sea la literatura capitalista,  la literatura del realismo socialista, la falsa vanguardia formalista dedicada a vivir de las formas caídas en el dominio público, o las agonías podridas y teosóficas de ciertos movimientos antaño emancipadores− se inscribe completamente en el espíritu pequeño-burgués. Bajo la presión de las realidades de esta época, será indispensable acabar con ese espíritu. Desde esta perspectiva, todos los medios son buenos.

Las provocaciones insoportables que el grupo letrista había lanzado, o preparaba (poesía reducida a letras, relato metagráfico, cine sin imágenes), desencadenaban una inflación mortal en las artes.

Nos sumamos a él entonces sin dudarlo.

[continuará en seis partes y una coda /colmo: págs. 194-203]

 

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Exotismos terminales

Trataré de distinguir unos puntos básicos: una idea de cosmopolitismo se reduce a sí misma a su parodia cuando se realiza en versiones de exotismo terminal, la acumulación por ejemplo de temáticas cursis (padre separado de sus hijos, amor a América, etc.), venganzas del mundo de los sentimientos en una inmediatez ultratécnica, reyertas y saltos acrobáticos, escenas jamesbondianas en el siglo XXI. Para evitar eso en la construcción de ficciones que exploren lo real sometido al cerco de la sugestión capitalista, la anulación de los condicionantes citados es una premisa mayor. Los resultados deben poseer el poder de decisión en todo momento, y participar rápidamente en el gran salto hacia el realismo subversivo.

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Para rapar a Woody Allen

“-Qué hace el sábado por la noche?

Me voy a suicidar…

-¿Y el viernes por la noche?”

Minuto 34 de Sueños de un seductor.

 

Las bromas de Woody Allen suenan a manicomio con micrófonos, a selva de neuróticos con grandes aspirinas de frustraciones, a mares de enumeraciones de violencias verbales edulcoradas por el humor verde. La pareja como inversión: inversión de esperanzas e inversión del amor, esperanzas calculadas y amor a partir del desengaño. No sirve el amor que no es un pellizco, un flechazo, nos repite sin falta en cada película transmédica. Casi por cúmulo natural, el eterno estrépito añade mentiras con cola a mentiras con faldas, y alusiones subculturales con la fuerza del chisporroteo de una sartén que se quema. ¿Maestro del cine cómico, un individuo genial y ególogo? ¿Geólogo de joviales juegos de adolescente casero? ¿Cansino machista filtrado por una temática glamurosa? En cualquier caso, más que un mítico con melena, Woody Allen es un partisano  del rapado a cero con peluca.

 

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Crítica a la insuficiencia de las ambiciones surrealistas

[…] Bueno, tengo cada vez más la certeza de que las ambiciones surrealistas, con todo su arsenal, no son sino un esfuerzo hacia una parte de lo que queremos.

-cfr. el poder que otorgaron a la poesía, su espera, el mustio ocultismo de su senilidad, su ignorancia total de de la Economía Política, su profunda incomprensión de la evolución de las artes, en la que por cierto participaron brillantemente. Pero es sintomático poder constatar que Breton no piensa nada, no sabe nada, no quiere decir nada a popósito de la novela, −del teatro−, de la música, [y muy poco sobre el Cine]. En estas disciplinas ignora a Joyce, ignora a Pirandello, ignora incluso a Erik Satie −cuya vida sin embargo le tocaría−. Del mismo modo nunca supo intervenir en estas artes sino con juicios de orden moral sobre la personalidad de los autores,  lo cual es estúpido (estoy de acuerdo en general con la posición moral del surrealismo, pero no con su uso confusionista en la crítica del arte). Por ejemplo Griffith, unos de los mayores creadores del cine, es racista. Al tipo habría que tumbarlo concretamente, pero El nacimiento de una nación, aunque elogie al Ku Klux Klan, es una de las diez mejores películas que se hayan hecho.

La misma impotencia empujaba recientemente a los jóvenes surrealisas (en el 51) a atacar a Bresson (el único director que se ha atrevido a tener el presentimiento, con debilidad, de una supremacía de la palabra sobre la imagen) porque su película era JOURNAL D’UN CURÉ DE CAMPAGNE. Nosotros defendimos a Bresson con bastante violencia, aunque personalmente me parece que su película es aburrida como la lluvia, y que efectivamente detesto que se haga una película sobre el clero. ¿Me sigues, no?

Todo esto para decir […] que el surrealismo no nos ha enseñado ni tan siquiera esa distancia del desprecio a la estética con la que jugaba, sino DADA.

Dada, y no el surrealismo, se reía con los recursos del poeta, y lanzó esa forma de pensar − y que a pesar de todo sigue siendo eficaz− que hoy comparte hasta el último cretino recién llegado: el eterno grano  de los [que están] en ruptura con el penúltimo conformismo y no pueden sino meterse de lleno en el último (de esta no saldremos vivos… gustarte o no gustarte fulano o mengano…) […] (1953, pp. 113-4).

 

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