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No hay más literatura que la lectura, ni más cortesía que la queertés

“La literatura cortesana es una actividad social masculina, es decir, una actividad literaria en que los escritos de hombres se refieren y responden al deseo, que manipulan y proyectan sobre otros hombres y sus escritos. Por ejemplo, en la tradición cortesana los escritores varones exhiben para destinatarios varones, utilizando iconos femeninos a fin de encarecer su propia reputación y no para representar a la mujer. La dama es en rigor, un sujeto fingido; el verdadero sujeto es el amante narcisista, y su intención es la revelación de su propia imagen como escritor. La mujer pasiva e idealizada funciona como tropo -metáfora del espejo- para reflejar su autoestimación.” (Olivares 2000: 64)

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Baena queertés

De la introducción al Cancionero de Baena (principios del siglo XV):

“todos en fin, porque todos eran poetas, cuando arrimada la lanza escribían sus metros y canciones, olvidaban los afectos, odios y pasiones, que en realidad los animaban y conmovían; olvidaban las armas, las guerras y los hechos de caballería, para expresar en conceptos metafísicos y alambicados un amor afeminado y bastardo.”

 

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Pulsaciones y pulsiones, ilusiones cuirteses

El yo ha sido y es para siempre el joven de nuestra fantasía (cuerpo sin órganos) que transita por los estados emocionales construyendo la redundante fantasía descriptiva de un fantasma con los recuerdos grabados en la mente de una amada – trasunto de la dama del amor cortés -, en la noche y el día  de las expresiones heterófilas y homosexosociales. Durante el tiempo de imaginería erótica, el yo se posiciona ante el amor futuro como el amante de rodillas ante su dama/amado, imaginándonoslo en cualquier posición semejante propia de la poesía “creativa y vivida” de los trovadores, los poetas del desencanto perseverante y el encanto aberrante. La característica capacidad de experimentar visiones transmundanas del amor, pero materialistas, ya fuese en al-Andalus o en la Provenza, es esencial para entender nuestra posible lectura de la cuirtesía, ya que en esas artes compositivas se encuentran expuestas las condiciones de posibilidad propias de los modernos mecanismos de seducción, integrando, a pesar de todo, en la esfera de la progresión amatoria, esta ilusión de desprendimiento tan llamativa. El yo propone su nuevo destierro, un exilio interno o hasta el deseo del Otro siempre desde la ausencia.Tema este último recurrente del folklore tradicional que se articula con las dos vertientes fundamentales del Yo (cuerpo/cuerpo sin órganos), con una subjetividad desgarrada por un conflicto entre el querer y el impedirse. En dicha ficcionalización del sujeto, el sufrimiento gozoso es parte integrante de la exaltación experimentada en tanto que el yo asume actitudes humillantes con una naturalidad trabajada. Podemos especular sobre si aquí el término fin’amors, tal y como lo acuñan los cortesanos Guillermo IX, incluye esta enunciación poética de la enajenación dulce que desde principios del siglo XIII hasta nuestro presente postmoderno margina los aspectos fisionómicos  del Otro para atender solo a su gracia, la gracia que le otorga el sentimiento del amante. Tal vez un día puede que prevalezca de nuevo el poder taumatúrgico de la palabra lírica, o al menos se acerque de regreso tras la sexualidad del poder a un intercambio de elogios desde la miseria. Porque entre el ser el mejor y la palabra esencial del amor, está el “trobar clus” abigarrado,  alentado intertextualmente por el trovador provenzal Arnaut Daniel en su malabarismo autofictivo (“Ieu sui Arnaut, que plor e vau cantan“). El vagabundo ejecuta un  dislate en el plano de la inmanencia de la estética literaria del amor cortés, estética plasmada en las composiciones de cruzadas también, donde la estridencia crea un gusto por el viaje sin retorno al destino. Dicha comunión en la desdicha está marcada por los efectos disuasorios del protocolo feudal, cuyas consecuencias se muestran también en los primeros contextos urbanos en una especie de creación intermedia como pueden ser las maqamas y los fabliaux eróticos. La mejilla mojada de lágrimas, el amante errante sufre una mutación que le lleva de lo hormonal hasta la escritura. Es asimismo parte esencial en la estética de la ironía,  pues nos desconcierta en el milagro de su creación lírica, esa sustantividad heterogénea que contiene y comporta una dualidad entre ser y ficción, plasmación estilizada de la heterodoxa realidad y puerta abierta a la sensualidad de las apariencias invitadas. Tal  y como apuntaban los poetas trovadores que usaban seudónimos para ocultar el nombre de la Dama, la conducta del amante no surgirá de ciertas suposiciones teóricas sobre el respeto o el pudor, sino que, aceptando más bien las categorías existentes, lamentará no desvelar su amor para mejor esconderlo. Entran aquí en juego, y durante siglos postreros, los rivales, héroes, guerreros, juglares, que asumiendo en parte la invitación al deseo cortés, rompen las máscaras forzando una solución rápida, burlesca o machista meramente. También puede ser, y a la manera de un carnaval de sentimientos contrapuestos, que el amante construya un ensueño, una identidad inaprensible, un no todavía,  un siempre, un ya casi, un nunca vertiginoso que parte del amor olvidado, en cada suspiro, pero aun así recordado. En parte gracias al continuo desplazamiento del encuentro, el amante puede así amar un ser sin nombre.

En la acústica medieval de la influencia del cristianismo, esta cortesía tiene una razón de ser inmanentista. El yo está inquieto desde una perspectiva que se caracteriza por la consideración del fenómeno de la visión que todo lo trastorna, la luz mundana que ilumina una ligereza artística reductora a lo sensible en cuanto a su contenido real, ya que el alma en estos casos se excluye a los límites del lenguaje de una manera más que convincente. Don Juan, fenómeno tardío pero muy afinado en este sentido, es la encarnación de la omnipotencia del cuerpo por cuya voz cobra existencia el deseo del Otro. Se trataba de una ética de la seducción cuya base estética se apoyaba en la tensión estructural que señalamos previamente, querer e impedirse,  diálogo mental con repercusiones en la construcción de los géneros respectivos, pues también es manifestación del desequilibrio que la mujer sufre al verse obligada a dejarse amar. Entre el significante yo y el espacio de los demás se consolida un vínculo reversible o deseo andrógino  que va más allá de las primeras pusiones para presentarse ya como fenómeno superior de la cultura. Desde el S. XII en adelante, sobreviven abundantes canciones de los trovadores, trouvères y Minnesinger que acreditan el extremo de un amor posible con una pastora o una princesa, un copero o un amigo. Los orígenes  del amor cortés no están claros, pudiendo ser árabes, más que procedentes de anteriores tradiciones de la lírica secular, pero los precedentes de Ovidio son también evidentes. Aquí se ubican también las Cantigas de Santa María, que aunque religiosas incluyen una poetización de la belleza femenina que se hace patente con su establecimiento en forma de escritura de Estado. Finalmente, el yo como “sujeto discursivo” implica una estructura idéntica de universalización que compagina realidades literarias e idealismos tardíos con experiencias personales sublimadas. Las cristalizaciones tópicas de la descripción renacentista  han luchado por hallar, en este confín de la experiencia tan problemático y utilitarista, una luz que guiara a los jóvenes  más allá de sus días de esfuerzo cotidianos y vida peligrosamente inconformista, una forma de expresar, con el lenguaje de la lírica, las experiencias que podían intuir cuando crecían. Superando la desacertada ansiedad del principiante, el diseño mismo de la construcción amorosa los abocaba a cierta obsesión versificatoria, con abundantes caídas en la pulsión de muerte hecha verso. Cuerpos atrapados en las cárceles del amor, en el veneno de los ojos, el campo de la metáfora  construye un lenguaje simbólico contrapuesto a lo semántico de la mujer desconocida, en una evolución que va del «gran canto cortesano» al relato alegórico (cf. Julia Kristeva). Constructo riguroso del logocentrismo que agota su amor en la huida de la pareja. Un puro silencio de palabras que deben única y exclusivamente rellenar el vacío de la ceguera, el descrédito de las excusas, el infarto de los cambios. Y sin embargo todo ello me hace preferir, antes que el encantamiento del diálogo entre iguales, la sensibilidad desigual de las imprevisibles expresiones del cuerpo vivo. Algo de eso evocan aún los diálogos platónicos, que, aunque preciosos, ya son sólo letra muerta, silenciosa escritura, aislada de lo corporal, lo sensorial y el contexto concreto. El propio Platón tampoco tenía menos claro que todavía quedaban y quedan abundantes secuelas de una particular situación de ambigüedad y quizá de parcial  confusión entre idea y deseo, que llamamos platónico. Una cultura que convierte la creación poética, la lírica, en cúspide y centro de su identidad, sabe a su manera parodiar la decadencia de cualquier confirmismo social, y por tanto las retahílas de pitonisas, juglares, trovadores, bufones y figuras de la Comedia del Arte en realidad renuevan el fondo de desigualdad entre amante y amado, renovando con certezas de la improvisación una política de la revolución poética que recuerda aquella sentencia de Paco Umbral: “La imaginación es la forma lírica de la memoria”.

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Sin caridad en la conversación

“… el propio Ibn Sahl cuando sus amigos le preguntaban sobre la sinceridad de su conversión, se limitaba a evasivas del tipo de “las apariencias son para los hombres y para Dios lo que está oculto”;…”

lengua

La lengua. Las palabras. Las frases. Una voz. Recuperar una voz propia y perdida, una voz desorientada; escribir sobre la voz de Ibn Sahl, poeta andalusí y sevillano del siglo XIII.

queer

Queer. Cuir. Amor. Ibn Sahl es un poeta del amor homosexual, que llamaré cuir. Marginalidad. Éxito. Corte. Cortés. Cortesía, queer-tesía, cuirtesía, cuirtés. Cuirte. Universidad queer. Universidad y adversidad. Traducciones. La traducción de Teresa Garulo al castellano de una antología de poemas de Ibn Sahl (Ben Sahl) como punto de partida. Lenguas de partida, y lenguas de llegada.

Las lenguas de Ibn Sahl: el árabe, el hebreo tal vez también, puesto que se le atribuye una letanía de las llamadas baqqašot, quizás Ibn Sahl, -como Ibn Quzmān aproximadamente un siglo antes-, dominaba el castellano arcaico, romandalusí básico, palabras de beréber. Ibn Sahl vivió con la lengua árabe, en la que escribió probablemente la mayoría, si no la totalidad de sus composiciones.

Mi complejo de inferioridad ante los sobrecogedores antecedentes en el trato científico de Ibn Sahl, al-Andalus, la cortesía, el amor cortés y la lírica queer, en tantos y tan buenos estudios realizados por especialistas de los campos filológicos, históricos, filosóficos, intelectuales, éticos, políticos y religiosos, tanto del mundo occidental como del mundo árabe. También puede ser que me domine la impotencia ante la idea de tener que abordar un tema sumamente difícil, como es el análisis y el comentario de la poesía de un poeta árabe clásico. La pereza, o más bien la sensación de estar cometiendo una blasfemia en el campo de las Letras. ¿Traición a quién?

religiones

Las religiones de Ibn Sahl. La religión cuir de Ibn Sahl. La irreligiosidad de Ibn Sahl el queer. Ibn Sahl el judío, el musulmán, el converso, el sospechoso, el hipócrita, el humillado, el perdido, el enamorado.

Renunciar a una poesía en mi prosa para avanzar hacia la poesía de Ibn Sahl, poeta convertido en meta y obsesión, en frontera y veneno, en dolor y esfuerzo, en esperanza y seguridad. Porque todo se justifica por una verdad manifiesta, la fortaleza de la poesía de Ibn Sahl.

Ibn Sahl no es un poeta único. Ibn Sahl no es el mejor poeta andalusí. Ibn Sahl no es, no fue el poeta de los árabes, el vate de su tiempo. La poesía de los árabes estaba compuesta con conceptos, ritmos, estrofas, versos, rimas, pies métricos, figuras retóricas. Pero la transmisión de la técnica, el genio, el arte de la poesía árabe clásica, es también el reto de un ritmo que no se pare definitivamente ante mis dificultades, al menos por ahora. No abandonar hasta desvelar qué escribía Ibn Sahl.

belleza

Transmitir la poesía de Ibn Sahl requiere empaparse primero de la belleza diferente, sabiendo que necesariamente la belleza se renueva, y que mi lengua tendrá que expresar lo que pueda con mis palabras, mis recuerdos, mi propia sensibilidad y el contexto presente que se distancia cada vez más del mundo de este poeta del pasado, y que será cada vez más antiguo. Transmitir la poesía de Ibn Sahl es un ejercicio de desubicación, de desterritorialización, de extrañamiento. Porque Ibn Sahl es extraño para nuestra época desde los varios ángulos con los que se enfoque el análisis de su poesía.

cuirtesía

Esta poesía es cortés, pero yo deseo llamarla cuirtés. Su cortesía (la de Ibn Sahl) es una cuirtesía. La cortesía es un concepto, un sistema de valores extremadamente rico y complejo, que podemos considerar hoy parcialmente agotado por los múltiples cambios sociales de la modernidad y la postmodernidad, y en ese sentido, mi propio hilo conductor (la cuirtesía) es la poesía de Ibn Sahl como visión privilegiada y renovadora de la cortesía que sea un intento de reactualización sincero de sus valores, vigentes porque creativos, bajo el prisma de la teoría queer.

Una de las complejidades más estimulantes de la cortesía es que puede abarcar un valor y su contrario; por ejemplo, el substantivo femenino cortesana, que tanto en castellano como en francés (courtisane) se refiere a una mujer de alta extracción social, pero también a una actividad practicada con fines menos ennoblecedores, sin entrar a juzgarlos. La corteza de la cortesía está abriéndose constantemente pero se regenera inmediatamente.

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Recordaré qué es el amor cortés:

Al final de la enumeración de una serie de citas, recapacitaré qué sentido puede tener este ejercicio de cortar y pegar, usando el buscador académico de google; adelante por tanto con los ejemplos:

  • O.H. Green:

La caballería de las damas es el Frauendienst, el service d’amour, el amor cortés o caballeresco. 

  • Deyermond:

Ahora bien, aun si se acepta sólo una parte de estas teorías, queda patente que el hombre salvaje en su forma más típica es el término opuesto a los valores cortesanos de la sociedad medieval, y sobre todo de los ideales del amor cortés

  • Galmés de Fuentes:

…analizar detenidamente algunas de las características generales del amor cortés en la lírica árabe a lo largo de su desarrollo histórico, para poder establecer determinadas concomitancias con la poesía de los trovadores. …

  • Rougemont, citando el Roman de Tristán:

Amors par force vos demeine! [¡El amor forzosamente os agita!] …

  • Octavio Paz:

… El proceso de sublimación que inició el amor cortés y que consumó el neoplatonismo renacentista logró legitimar pasiones e inclinaciones que eran transgresiones de la moral sexual, como las relaciones fuera del matrimonio o entre personas del mismo sexo. 

  • Acereda:

La insistencia generalizada de la crítica por dar una imagen coherente y uniforme del Quevedo amoroso, en la línea del amor cortés que ya propuso Green, no parece tener demasiado en cuenta los debates internos, las propias contradicciones que Quevedo, 

  • Valcárcel:

En los albores de la Baja Edad Media y en el entorno del nacimiento y expansión del gótico
ciudadano y las formas civilizatorias bajomedievales, nacen toda una serie de nuevos modos
e ideas que suelen resumirse bajo el nombre de Amor Cortés

  • Andrachuk:

… algo más recóndito: el reconocimiento de la falsedad del supuesto código del amor cortés

  • McDannell y Lang:

Con el surgimiento del amor cortés y el floreciente misticismo medieval, el Cielo adquirió un
carácter más personalizado.  … fuentes tanto del amor cortés como de las imágenes nupciales del Cantar de los Cantares, imaginaba una apasionada unión con Cristo, su esposo. 

  • Deleuze:

cambio de la condición femenina con los temas del amor cortés que desterritorializan incluso el amor caballeresco… etc.  del mismo modo, o más bien de otra manera, sucede en el amor cortés: constitución de un plano de inmanencia o de un cuerpo sin órganos donde  

  • Pattison (sobre Calisto y Melibea):

Se apunta que esa actitud proviene de una extrema adhesión a las convenciones del amor cortés, según las cuales el matrimonio es incompatible con el amor verdadero: Melibea se muestra obsesionada con los modelos literarios, para ella más importantes que la 

  • Duran:

Con sus cinco novelas de tema artúrico Chrétien de Troyes planteó, por una parte, el conflicto
entre la lealtad amorosa del protagonista y sus deberes caballerescos; por otra parte intentó
analizar la naturaleza del amor cortés y luego quiso insuflarle a esos ideales un sentido 

  • Lacarra:

…al manifestar el carácter libresco del amor cortés, al atacar la idea de que el amor

  • Baranda:

… La concepción tradicional del amor cortés presuponia que el amor estaba reservado a los cortesanos, ya que hacia mayores estragos en los entendimientos superiores; …

  • Rivers:

de la Edad Media cristiana, sobre todo en Francia, se desarrolló en el siglo XII otra dicotomía
histórica entre la grandiosa poesía épica o chansons de geste, recitada oralmente para guerreros,
y la nueva poesía de los trovadores, hoy llamada poesía de amor cortés, escrita y 

  • Barrilla:

matrimonio en el amor romántico. Atacado por numerosas herejías y ridiculizado
por el “amor cortés“, el casamiento tradicional va a necesitar una asistencia particular
por parte de la iglesia. Así, por una extraña alquimia entre 

  • Löwy:

El término “gótico” también debe tomarse en el sentido literal como referencia positiva a ciertos
momentos-clave de la cultura profana medieval; no es por casualidad que tanto Breton como
Benjamin admiren el amor cortés de la Edad Media provenzal, que a los ojos del 

  • Imbriano:

Y de ello son parte los esfuerzos del amor cortés: manera muy refinada de suplir la ausencia de la relación sexual fingiendo que somos nosotros los que la obstaculizamos: “es verdaderamente lo más formidable que se haya inventado” …

  • Solano (sobre Octavio Paz):

… En Paz el amor cortés es algo más que el testimonio de una época, es una fórmula de vida que trasciende su tiempo e historia permitiéndonos encontrar su rastro en nuestros días. 

  • Pereda:

Se trata justamente de negar, junto con la cortesanía, la verosimilitud del amor cortés No sé si
Cervantes quiere contar que el amor verdadero es imposible, y que ese otro, el amor cortés,
heterosexual, exigente como un trofeo de guerra y sujeto a reglas precisas es falso. 

  • Castillo y Cuenca (sobre le Cancionero General):

Desde los fervores de la devoción y las disquisiciones doctrinales a las provocaciones de la burla y la pornografía, pasando por los alardes de la erudición grecolatina y las exquisiteces, con frecuencia cansinas, de un tardío amor cortés, todo ello en ordenada compañía. 

  • Fredotovich:

Nace entonces a partir del siglo XII el denominado “amor cortés”, caracterizado por un
refinamiento supremo: la dama es elegida libremente por el que la corteja, y los lazos que la unen a su servidor ni siquiera están impuestos por los intereses de las familias como lo fue 

  • Piedrafita, Teresa y Rojas (sobre la La Celestina):

Los señores aman según los cánones del amor cortés, y los criados se mueven en el inframundo de los prostíbulos, pero tanto unos como otros sienten el gozo y placer de vivir, y este amor lujurioso en realidad se convertirá en una fuerza fatalista que conducirá a la 

  • Zavala:

Esa cosa inaccesible que el amor cortés plantea de manera clara: la división entre las metas de la libido y las metas del yo. La inspiración de este erotismo se apoya en técnicas de la circunspección, de la suspensión, del amor interruptus

  • Rojas:

Estamos ante heroínas suicidas que, lejos de ser capaces de sostener un amor cortés pleno de ese deleitoso sufrir, caen en la desesperación, la locura y el chantaje hasta terminar con su vida. Son personajes que sirven 

  • M. Alvar:

Pero nos interesan otras cosas: el zéjel pertenece a los amaneramientos del amor cortés y, por
su cronología, refuerza la vinculación aragonesa al mundo poético de los trovadores: se recuerda
a Aimeri de Sarlat en el señora de valor, se realza a la mujer según la lírica de 

  • Alcaraz:

Los temas literarios, hasta entonces hagiográficos y espirituales, experimentan un cambio hacia
el amor cortés y temas profanos que van separándose de lo sagrado de la misma forma que
lo temporal se separa de lo espiritual desde la reforma gregoriana. 

  • Aksenchuk:

… “¿Por qué hablar de amor cortés en una era de permisividad en la cual el encuentro sexual es
a menudo nada más que un “trámite” en un oscuro rincón de la oficina?” [*] A partir de este interrogante
que plantea Zizek desde la perspectiva psicoanalítica, se podrá entrever algunos 

  • Keegan:

… En Occidente, el amor cortés floreció en el sur de Francia, en Provenza, a partir del Siglo XI,  de allí que esta poesía muchas veces es denominada “poesía provenzal”. En Oriente, se tienen  registros de poemas árabes muy antiguos con un estilo literario caracterizado por una 

Con todas estas citas me voy hilando un collar de perlas para recordar, en una foto abstracta de un espejo inverosímil, todas las múltiples interpretaciones contemporáneas del amor cortés desde la filología, el medievalismo, la literatura comparada, la crítica postmodernista y psicoanalítica, la historia de la sexualidad y la historia del feminismo, y espero que con este ejercicio se me vayan quedando las fronteras que delimitan el cuerpo del amor queertés. No habrá un avance significativo en el estudio de la queertesía si no se produce como resultado de una gran quema de las ideas tan dispares que se entrecruzan sobre este tema inagotable. Habrá que ver las llamas de una crítica de otro siglo para que la queertesía renueve el amor de la lejanía cercana.

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Politesse queer

Deborah H. Nelson 2000: pp. 86-96, citando a Henri Dupin, p. 91:

“…es necesario que no falten a la obligación del saludo, del disponer (congé), del besar, de la recepción y la hospitalidad, que sean leales y fieles, buenos y propensos a sentir piedad, suaves, liberales y espléndidos, felices, amantes de la buena fama, templados y que amen, y que en su amor apliquen estas virtudes corteses.”

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La visibilidad de la cultura queertés: el caso de Ibn Quzmân

Es curioso comprobar cómo lejos de estar más expuesta por efecto de una voluntad de sobresaltar los aspectos más heterodoxos de la cultura andalusí, en aras de desislamizar la historia de al-Andalus, ni por activa ni por pasiva se destaca en el relato domesticador de la derecha nacionalcatólica tardofranquista, ni menos ahora por parte de los abogados de la Alianza de Civilizaciones,  los componentes homoeróticos en la poesía sub-cortés del gran Ibn Quzmân (c. 1078-1160). Si un poeta al que los dos mayores arabistas  (E. G. G. y F. C.) que han vivido en este país le han dedicado sendas grandes investigaciones no es más a menudo puesto en primera línea como contrapeso no al machismo, pues misógino era, pero sí al sistema tradicional islámico heteronormativo, no es de extrañar que un poeta mucho menos llamativo como es Ibn Sahl ni siquiera se conozca por el camino lógico de las referencias generales. También es cierto que de las seis versiones (árabe, catalán, portugués, español, francés y inglés) de la entrada dedicada a Ibn Quzmân en la wikipedia, solamente la española mencione en una frase que su poesía estaba dedicada en buena parte a amantes varones. Pone “jóvenes varones”, pero no era exclusivo, también dedicaba requiebros a hombres maduros.

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