Por una dictadura ecologista

Varios acontecimientos parecen demostrar que la necesidad de la implantación de una dictadura ecologista es una cuestión que no se puede seguir postergando. El tsunami rojo de Hungría señala el guión de una catástrofe para millones de europeos, la contaminación del Danubio, río que recorre capitales y que abastece a un ecosistema fundamental del continente europeo. Aunque finalmente la contaminación en este caso sólo se limite a Hungría y se pueda recoger el inmenso vertido, creo que, como en el caso de la marea negra del Golfo de México, este desastre es un efecto directo del sistema económico que estamos soportando pasiva y democráticamente, y que sólo beneficia a los directivos de las empresas respectivas.

Más cerca de mí, en Galicia, observo con desesperación que el chantaje de los puestos de trabajo protagonizado por los mineros de León se reproduce de nuevo aquí, con las tres fuerzas políticas pujando por defender a quién de ellos más los acuerdos y los compromisos de importar carbón de Sudáfrica. Una dictadura como la que se defiende en este púlpito debe, una vez tomado el poder de las diferentes instituciones, plantear la transición inmediata hacia un modelo sostenible en el que no quepan reivindicaciones sectoriales de unos u otros. Sólo desde un ecologismo tecnocrático, que sin romper formalmente con las libertades básicas recogidas en la Constitución ni con el sistema de mercado, imponga su ley sobre todo tipo de empresas, podremos salir de este atolladero.

No creo en la opción más moderada, que se decantaría por apoyar a una formación como Equo, que como mucho aspirase a infuir como lobby en las políticas del PP o del PSOE en el gobierno central y de las demás instituciones. Al contrario, creo que esta formación debe asumir un giro postfascista, y con la complicidad de otras formaciones, como Izquierda Anticapitalista, enmarcar la toma de poder pacífica pero violenta del poder. Sólo controlando sin cobardías el total de las riendas del Estado, para organizar y defender una transición urgente, podremos salvar el futuro.

No se debería temer las presiones de otros países, sino fomentar una internacional de este tipo, ecologista y anticapitalista, que organizase la sustitución incruenta de las diferentes democracias liberales. Uno de los puntos claves es no apoyarse en el ejército, sino en los cuerpos de seguridad, como la Policía y la Guardia Civil. Los ejércitos deberían someterse a un programa de desarme y paulatina disolución. Busco cómplices.

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Archivado bajo ecology, EU, Human Rights, II Guerra Fría, Izquierda Anticapitalista, politics, situjihadism

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